El golem de Gustav Meyrink  es para mí una de las grandes obras de terror de la historia. Si estamos de acuerdo en que uno de los fines de la literatura, quizá el más importante si nos quedamos con la forma, es hacer sentir cosas al espectador, esta sin duda, es una de las obras que más me ha hecho sentir.

Reflexionando sobre ello, durante los últimos años de mi adolescencia me preguntaba si podría ser posible crear una novela de terror tan aterradora que pudiera provocar la muerte del lector, y aunque lo veía como imposible, aceptando el supuesto, me veía obligado a admitir que esa obra, a pesar del daño que provocara sería perfecta si nos acogemos estrictamente a eso de que el fin fundamental de la literatura es hacer sentir cosas al lector.

Siendo un amante del terror, realmente al final puedo contar con muchas obras interesantes, obras que me han seducido por diversos motivos, pero muy pocas en realidad que me hayan hecho sentir emociones incontrolables. Para que esto ocurra la obra debe ser la idónea para el lector y el momento de la lectura también debe ser el idóneo, no es tan sencillo que esto ocurra. Yo esto lo he vivido en cuatro ocasiones; con Los miserables, de Víctor Hugo y con Olvidado rey Gudú de Ana María Matute he llorado torrentes de lágrimas. Cuando terminé Los miserables pasé una semana profundamente abatido y con las lágrimas a flor de piel, llorando cada noche, y Olvidado rey Gudú es una obra que recomendaba efusivamente pero que de la que no pude hablar sin embargo en mucho tiempo sin que se me hiciera un doloroso nudo en la garganta.

Las otras dos obras que me han hecho sentir grandes emociones´, ya en el género del terror son Melmoth el errabundo de Maturin, que desde la mitad del libro hacia adelante me provocó terribles pesadillas. Además la obra era enorme, parecía que no terminaría nunca y no dejaba de pensar que necesitaría un gran descanso después. El golem de Gustav Meyrink  es la otra. Esta es una obra corta, pero muy desconcertante, grandiosa y apasionante. La leí en un par de días sufriendo una gran gripe y mucha fiebre, por lo que la lectura fue loca y febril, haciéndome sentir incluso que era la propia lectura del libro lo que hacía que enfermara y este es el hecho que me hizo pensar por primera vez en un libro capaz de matar a su lector.

El golem de Gustav Meyrink  es en realidad una obra febril y un tanto alocada. Nos habla sobre creencias profundas y antiguas, sobre el mundo antiguo y el judaísmo. En esta obra me encontré por primera vez con el personaje de “El doble” y las posibilidades de terror que ofrece el que un personaje se encuentre de pronto consigo mismo, con un ser al que superficialmente reconoce idéntico a sí mismo, pero que sin embargo se mueve y actúa de una forma completamente ajena a él y se debate entre la idea de que lo que está viendo es algo muy conocido e íntimo y al mismo tiempo la certidumbre de que en realidad es completamente ajeno y extraño.

 

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