¿Alguna vez has escuchado voces en la oscuridad? Hoy voy a empezar una minicolección de artículos sobre fantasmas o lo que quiera que sea esa cosa misteriosa que se manifiesta aterradoramente y nos deja la sensación de que lo que estamos presenciando no puede ser, es imposible y sin embargo está ocurriendo ante nosotros.

En esta pequeña colección de artículos os voy a hablar sobre mi experiencia personal con este fenómeno. Cuando lo has vivido como lo he hecho yo no puedes dudar que el fenómeno existe aunque no seas capaz de definir su naturaleza.

A veces pienso que mi fascinación por el género de terror viene de estas experiencias; durante mucho tiempo pensé que me hallaba en una posición inmejorable para investigar, ya que por una razón u otra estos fenómenos se manifestaban con demasiada normalidad ante mí.

El contexto

En este artículo voy a narrar mi primera experiencia paranormal a la que he llamado voces en la oscuridad. Es muy sencilla y al mismo tiempo muy perturbadora. Es al mismo tiempo uno mis primeros recuerdos, así que tendría menos de seis años, por ello a menudo me he preguntado si sería real o tan solo la imaginación infantil y me habría inclinado por la segunda opción si no fuera porque con el paso de los años he seguido teniendo esa clase de experiencias, incluso en el presente.

Mis padres se habían marchado de casa, so sé si a comprar o algo así. Solo recuerdo que me dejaron a cargo de mi hermano, doce años mayor que yo (imagino que yo tendría unos cuatro y él unos dieciséis). Él estaba durmiendo en la cama, en una habitación al fondo del largo pasillo de casa.

La antigua casa en la que me crié era muy inquietante. Era un piso de barrio de esos enormes que construyeron en los años 70 antes de las VPO y los pisos de protección cada vez más pequeños. Al entrar,a mano izquierda estaba la cocina, en frente el comedor y a continuación de la cocina, a mano izquierda un larguísimo pasillo que daba distribución a dos cuartos de baño y cuatro dormitorios. Para colmo mi madre había colocado un espejo al final del pasillo porque decía que daba más luminosidad, pero lo que provocaba era un efecto de infinito y de sombras muy inquietante. Siempre, cuando me acercaba a mi habitación, la imagen del espejo se acercaba a mí.

De algún modo siempre supe que en casa había algo malo. He pasado toda mi infancia aguantando en la cama hasta sudar, hasta sentir que la vejiga me iba a explotar antes de ir al baño atravesando el pasillo, tratando de que mi paso no enloqueciera porque cuando el primero se convirtiera en una zancada ya nada podría detener la carrera.

Por fin entraba en el baño, cerraba la puerta y me sentía a salvo, pero después llegaba el momento de volver a abrir e imaginaba una figura siniestra esperándome al otro lado. Ese momento se hacía interminable y cuando por fin lo conseguía ahora sí, corría enloquecidamente hasta mi habitación, cerraba la puerta con un portazo y me cubría completamente con la manta.

De la vida y la muerte

Voces en la oscuridad

Como decía, ese día habían salido mis padres, supongo que solo por un momento, y mi hermano se quedó a  mi cargo pero durmiendo en la cama de la habitación del fondo. Yo estaba con él, sentado en el suelo, de espaldas a la puerta, jugando con dos coches que hacían carreras. Tras de mí la oscuridad de la habitación contigua y el pasillo y de pronto las voces en la oscuridad.

«¡Ven!» Había sonado una voz cavernosa de ultratumba desde la habitación que quedaba a mi espalda. La voz sonaba como si no hubiera sonado en aquel lugar, como algo imposible, como si saliera del fondo de una caverna con cierta cantidad de reverberancia. Era grave, contundente, escalofriante y malvada, sobre todo malvada.

Se me erizó el bello, me volví sobresaltado pero allí, entre las sombras no era capaz de percibir nada.

«¡Ven!» repitió la voz. Y aquella fue la última vez en mi vida que la oí. Me levanté de un salto como con un resorte y salté a la cama con mi hermano, colocándome entre él y la pared, apretándome contra ella con todas mis fuerzas. Él se despertó diciendo que le iba a tirar al suelo. Entonces le conté lo que había ocurrido y él entró en la habitación para demostrarme que allí no había nada, pero yo sabía que sí.

De la vida y la muerte

Conclusiones

Como decía al principio del artículo no podría afirmar honestamente que lo que viví en el episodio narrado en voces en la oscuridad sea completamente cierto o solo una fantasía infantil, teniendo en cuenta que tendría unos 4 años. Sin embargo me inclino a pensar que sí porque la experiencia fue muy vívida, porque me marcó profundamente hasta el resto de mi vida y porque a partir de ese momento no he dejado de vivir esta clase de experiencias.

Este es el primer artículo sobre esta minicolección a la que he llamado Mi historia de fantasmas. Todas estas historias estarán en la página del blog «Misterio y terror». Si tienes interés en conocer más puedes consultarlas allí a medida que las escriba.

De la vida y la muerte

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