Un descenso al Maelström de Edgar Allan Poe recuerda al horror de Lovecraft, fiel seguidor de Poe, sentía por el mar y todo lo que de allí proceda. La obra además muestra el horror del vértigo como nunca, en ninguna otra ocasión he leído, cuando el narrador cuenta cómo en una expedición en lo alto de un pico, cuando iban a dormir en un estrecho promontorio, todos se ataron para no caer. Sin embargo, el narrador cuenta, con las manos crispadas por el horror, cómo el guía dormía a pierna suelta a escasos centímetros de un precipicio aterrador. Ante las protestas de los miembros de la expedición el guía ríe; “¿esta pequeña grieta? Esto no es nada”.

Tras esto, el guía les narrará su historia sobre Un descenso al Maelström. Subido en una barca junto a sus hermanos navegaban por el mar de Noruega cuando las inmensas mareas oceánicas crearon un remolino  cuya sola visión arrastraría a la locura a cualquier hombre y cuyo fondo no podía ser visto.

«No hizo falta más que un día para transformar mis cabellos negros en canas, debilitar mis miembros y destrozar mis nervios.»

En un descenso al Maelström El mar engullía la barca más y más adentro, hasta las entrañas de la tierra, hasta que apenas sí podía verse el cielo a través del vórtice. Sus hermanos murieron, pero él logró salvar la vida arrojándose agarrado a un barril tan ligero que poco a poco fue ascendiendo de nuevo hasta alcanzar de nuevo la superficie. Cuando por fin todo acabó y volvió a la costa sus amigos no le reconocieron.

Un descenso al Maelström es un relato breve, de esos de Poe, que con pocas palabras resulta ser, sin embargo, una gran historia. No te dejará indiferente. Lo mejor del relato es la descripción del horror provocado por la naturaleza, que alcanza en este caso su cota máxima, solo igualado, en mi opinión, más adelante, por la historia del Wendigo, de Lovecraft.

 

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