Obras de Julio Verne

Hoy os voy  hablar sobre las obras de Julio Verne, las cuales catalogaría en tres grandes categorías: los de viajes y aventuras, los de especulación científica y otro grupo que personalmente me ha gustado menos, definido por un pesimismo y una tristeza que sorprende enormemente al lector, cuando después de tanto arrojo, tanta fantasía científica y tanto optimismo topa por primera vez con personajes tan oscuros que no tienen remisión y con situaciones verdaderamente tristes que no pueden solucionarse.

 

LOS NEGROS LITERARIOS

De Verne se dijo que no era autor de todas sus obras. En parte, atendiendo a estas diferencias, en una lectura superficial de su obra podría afirmarse esto mismo, pero su estilo literario es inconfundible y se aprecia claramente su impronta a lo largo de casi toda su bibliografía. Son sin embargo estas últimas, las tristes, las que quizá no encajen perfectamente, aunque como es natural todo escritor pasa por diversas fases a lo largo de su carrera literaria y negar que estas obras fueran suyas es casi tanto como negarle la posibilidad de evolucionar y de mostrar una cara diferente en cada una de sus obras. Sin embargo es inevitable volver a la misma idea cuando observamos en las obras de Julio Verne la aparentemente escasa o nula evolución de su estilo a lo largo de su carrera.

Por otro lado debe quedar claro que en la época de Verne era frecuente que un escritor contara con los llamados negros literarios; escritores sin posibilidad de prosperar que alquilaban sus servicios a otros autores con reconocimiento social. Este hecho no era infrecuente y no estaba del todo mal visto, pues se consideraba que era necesario el trabajo de una pluma de alquiler para desarrollar el trabajo tedioso de construir la estructura de la obra, las descripciones y todo aquello que agotara al escritor.

Otros autores que fueron acusados de esta práctica fueron, por ejemplo, Alejandro Dumas y ya en otra época Agatha Christie. Aunque lo de esta última y lo de Verne no sean más que especulaciones debido a determinados y singulares detalles y a la gran cantidad de libros que publicaron, lo de Dumas es algo sobradamente conocido que ya en su época despertaba risas y chistes entre la clase privilegiada del momento. Entre otras cosas se decía que Dumas hijo preguntó a Dumas padre: “¡ya ha salido publicada tu última obra!, ¿has tenido ocasión de leerla?”

En mi opinión sería injusto afirmar que las obras de Julio Verne no son suyas en realidad. Como digo, yo al menos no he percibido diferencias tan notables a lo largo de su bibliografía, habiendo leído más de cincuenta obras de todas las que publicó.

Sí que es cierto que su producción fue demasiado prolífica, al menos comparada con la de otros escritores de la historia. Solo en nuestros días podemos descubrir otros autores con una obra si no igual, sí al menos similar, como por ejemplo Stephen King. En realidad Verne tuvo todo el tiempo del mundo para escribir y su pasión era muy grande.

Vivió los años precedentes a su carrera literaria acomplejado, sabiendo que jamás superaría a la sombra del gran Víctor Hugo, escritor al que idolatraba y que a su vez también sufrió en sus primeros días como escritor dicho complejo, declarando “¡seré un buen escritor o no seré nada!·” Aunque el joven Verne, asesorado por el propio Hugo y Dumas, mejoró lo suficiente su técnica para deslumbrar a un famoso editor de la época, con la hija del cual, además, se casó, y entre unas cosas y otras, sin comerlo ni beberlo, Verne se encontró con un contrato de por vida con una asignación muy generosa. Quizá fuera esta la forma del editor de filtrar una renta a su hija a través de su marido en una época eminentemente machista en la que en muchos casos habría sido mal visto que ella mantuviera a su marido, aunque esto es tan solo una especulación mía.

Con todo esto las obras de Julio Verne disfrutaron del mejor campo de cultivo para ser desarrolladas, lo que en definitiva supone el sueño de todo escritor; una gran pasión por la escritura y por el motivo de la misma, la ciencia, mucho tiempo y un gran sueldo por no hacer nada más que escribir. ¡Ha!, y por si fuera poco una clausula en el contrato vitalicio que obligaba a Verne a publicar una obra al año. Es decir que a todo ello encima se le sumaba la presión necesaria para cumplir plazos.

Si sumamos a todo esto que sus obras eran novelas cortas, cortadas por los mismos patrones, de forma que es muy sencillo clasificarlas por sus elementos comunes, podemos llegar pronto a la conclusión de que usara los negros literarios o no, desde luego no los necesitaba.

¿ESCRITOR VISIONARIO?

También se ha dicho de Julio Verne que era un visionario, atribuyéndole incluso cierta leyenda precognitiva en cuanto a lo que a ciencia se refiere, al estilo Nostradamus u otros adivinos. Sin embargo, si profundizamos un poco en las obras de Julio Verne y en su propia vida, enseguida descubrimos que esta leyenda tiene escaso fundamento.

Se ha dicho de él, por ejemplo, que predijo el viaje a la luna que se llevaría a cabo un siglo después y que muchos de los detalles que él narró fueron reales, como la forma del cohete y la manera de lanzarlo al espacio. Sin embargo Verne no describió un cohete, sino una bala hueca en cuyo interior había un habitáculo en que cabían dos personas, un perro y provisiones necesarias para el viaje. Así que el cohete no disponía de combustible ni estaba propulsado, sino que fue disparado desde un cañón gigante excavado en una montaña, y por si fuera poco no sólo no llevaban traje espacial los tripulantes, sino que además, ya en el espacio bajaron la ventanilla porque el perro había muerto aplastado contra la pared del habitáculo, narrando que tuvieron que cerrar rápidamente por el frío terrible que entraba en la nave.

Por todo ello podemos llegar a la conclusión fácilmente que la obra De la tierra a la luna y Viaje alrededor de la luna, la segunda parte, no fueron en absoluto precursoras del futuro, sino en todo caso otra obra disparatada más acerca de viajes a la luna, y digo otra obra disparatada más porque no fue Verne el primero, sino uno de los muchos que imaginaron este viaje con los recursos que la ciencia del momento ponía en sus manos para imaginarlo.

Desde que el hombre ha mirado al cielo ha soñado con alcanzar otros mundos, por trascender y por descubrir, y el más inmediato anhelo en este sentido ha sido la luna. Así, desde el comienzo casi de la literatura se han descrito viajes de todo tipo, desde lanzando una cuerda y trepando hasta viajando en barco o en globo hasta el viaje descrito por Julio Verne.

Lo que hace las obras de Julio Verne especiales en este sentido, aquellas que hablan sobre especulación científica, es el hecho de que escribiera tantas y que a muchas de ellas se les pudieran atribuir inventos posteriores. Sin embargo cada una de estas teorías puede ser desmontada con facilidad si se conoce la obra. Creo que en la mayor parte de los casos la creencia de que las obras de Julio Verne son producto de la precognición son un juicio de valor debido al desconocimiento de la obra y a que esta leyenda es muy popular y por lo tanto tiende a ser creída sin considerar preguntas a las afirmaciones que se vierten apoyándola. Se trata de un efecto, en mi opinión, similar a esa especulación de que el hombre jamás llegó a la luna.

EL ESTILO DE JULIO VERNE

Las obras de Julio Verne comparten un estilo derivado claramente de las lecturas de las obras de Víctor Hugo, de forma que algunas de las fórmulas literarias empleadas por este último y muy características de él, son empleadas por Verne en multitud de ocasiones a lo largo de la obra, si bien con ciertas adaptaciones. Hablo de fórmulas como la famosa: “nada tan fácil como levantarse, correr hacia el árbol y escapar del guardia”, o bien: “levantarse, correr hacia el árbol y escapar del guardia fue cosa de un momento”.

En las obras de Julio Verne, vemos como en muchas ocasiones los personajes de la aventura descubren por casualidad que sus respectivos países han entrado en guerra entre sí. En ese momento vemos cómo estos personajes se dan un apretón de manos: “estamos en guerra y ya no es usted mi amigo, sin embargo colaboraremos para resolver nuestro problema”. Se muestra con ello un servilismo completo del sujeto al concepto de nación, tan anticuado ya para nosotros, según el cual no cabe la amistad entre un francés y un alemán si sus países están en guerra. ¿Es esta una de las ideas políticas de Julio Verne, el servilismo completo del sujeto frente al estado?, ¿el reduccionismo absoluto del ser humano por una imposición social, según el cual toda la individualidad del ser humano es barrida de golpe?

Otra particularidad de las obras de Julio Verne que todos los lectores suelen recordar con simpatía es la forma que tiene en muchas ocasiones de presentar a los personajes como un chiste y desarrollarlos según unos clichés muy definidos, por lo que en realidad los personajes de las obras de Julio Verne no tienen identidad propia, sino responden a estos clichés y siempre se repiten. De esta manera tenemos los distintos tipos de personajes:

LOS PERSONAJES DE VERNE

Según su lugar de procedencia los personajes pueden ser:

Españoles: Son vagos. Pasan la vida cantando y bailando y no hacen nada de provecho, por lo que no se les puede confiar ninguna empresa.

Alemanes: Eminentemente industriales y organizados; como diríamos los españoles, de cabezas cuadriculadas que no admiten la más leve variación en el sistema. Sin embargo su trabajo es de una precisión asombrosa.

Ingleses: Profundamente imperialistas y jerárquicos. Si un barco mercante cualquiera encuentra dos palmos de tierra emergiendo del mar inmediatamente clavará en él el pabellón de Inglaterra y lo reclamará para la corona.

Otra de las ideas en las obras de Julio Verne acerca de los ingleses, en referencia a la obsesión por la jerarquía es el argumento de que si tres ingleses naufragan, la primera tarea que acometen, antes de garantizar su supervivencia es elegir al presidente, al gobernador y al tesorero.

Estadounidenses: En las obras de Julio Verne los estadounidenses son poco menos que unos locos suicidas con un valor y un arrojo que alcanza cotas ridículas, lo que les convierte en personajes importantes en una novela de fantasía y aventuras en la que las leyes naturales se alteran a favor de la fantasía.

Un ejemplo de estos personajes se muestra en su obra: La vuelta al mundo en 80 días, cuando ante la apertura de una grieta en el camino que interrumpe el transcurso de la vía del tren, los estadounidenses deciden ir marcha atrás para tomar carrerilla y lanzarse con el tren al otro extremo de la vía, tras la grieta.

Franceses: En esta clase de personaje encontramos lo que Verne entendía como la virtude. Ya que él era francés, en las obras de Julio Verne los franceses mantienen el equilibrio perfecto entre arrojo, optimismo y sentido común. Si bien no siempre son los protagonistas, como en Viaje a la luna, sí son en todas las ocasiones personajes importantes que representan el equilibrio y el buen juicio.

Según su profesión los personajes pueden ser:

Sabio: Es un personaje de ciencia que siempre representa la cúspide del conocimiento en la materia, siendo siempre un reputado, aplaudido o respetado científico, generalmente en los campos de la entomología, la química, la física o la geología.

Estos personajes de las obras de Julio Verne tienen la clave para resolver cualquier problema, pues toda complicación tiene una solución a través del intelecto. Incluso en situaciones en las que el sentido común llama a la acción el sabio se entregará a complicados cálculos mentales para inferir el más leve dato, como el ángulo necesario para el disparo, o la cantidad de fuerza necesaria para levantar tal objeto, calculando todas las variables posibles como la fuerza y dirección del viento, etc.

Otro aspecto por el que se rigen los sabios en las obras de Julio Verne es el hecho de que jamás abandonarán los cálculos a los que se entregan hasta que no resuelven el dilema. Esto, llevado al extremo más ridículo provoca que se priven de la alimentación y el descanso, incluso bajo el peligro manifiesto de morir de agotamiento.

Ingeniero: En las obras de Julio Verne los ingenieros son los personajes que dominan un conocimiento práctico de la naturaleza y son capaces de resolver cualquier situación difícil a través de dicho conocimiento práctico y su capacidad de obrar en consecuencia.

Un ejemplo característico de este personaje en las obras de Julio Verne es la necesidad de fabricar un elemento de acero para reparar un barco en una isla desierta tras un naufragio. Para ello fabrican ladrillos de adobe secados al sol, con los que construyen un horno en el que fabricarán ladrillos cocidos y después con estos otro horno más resistente y así sucesivamente hasta terminar construyendo una fundición.

Es decir, los ingenieros emplean aspectos teóricos de la ciencia y remontándonos a sus fundamentos son capaces de construir cualquier cosa que hubiera en la época de Verne.

Operario: Este sería propiamente un hombre de acción poco instruido, valiente, arrojado y fiel, de manera que cuando, se da algún caso en que todos los personajes valoran seriamente si continuar o no su camino pues hacerlo es prácticamente un suicidio, si se le pregunta al operario, este se encogerá simplemente de hombros e incluso parece molestarse que se dude de su adhesión, como si su vida no valiera tanto como su compromiso adquirido.

Con todo esto, vemos dos clasificaciones fundamentales de los personajes en las obras de Julio Verne. Por un lado los que tienen que ver con su procedencia y por otro lado los que tienen que ver con su profesión, combinándose estas dos facetas en la construcción de personajes planos que se repiten en una obra tras otra a lo largo de toda su obra.

Años 50, Estados Unidos. Un joven psiquiatra recién graduado se enfrenta a su primera experiencia en un centro olvidado por el gobierno. Los pacientes, con sus singulares teorías pondrán a prueba la cordura de Adam Smith hasta hacerle perder todo apego con la realidad.
La historia parte de una posición cómoda que nos sumerge poco a poco en lo que parece una historia de terror, hasta que se convierte en un thriller psicológico de máxima tensión cargado de un humor negro un tanto desquiciado.

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