¿Los fantasmas existen? Como decía en anteriores artículos no se puede dudar que el fenómeno paranormal es un hecho aunque no seamos capaces de ponerle nombre ni definir su naturaleza. Sin embargo ya sea por nuestra cultura tradicional o porque realmente es así es bastante frecuente pensar en fantasmas o espíritus cada vez que ocurre algo que no podemos explicar.

En mi caso sí que creo en los fantasmas. No sabría cómo explicar si no mis propias vivencias y esto me lleva a creer en la vida después de la muerte como un hecho a mi modo de ver superior al de la Fe o la creencia. Así que dentro de lo malo que es vivir esta clase de fenómenos siempre se puede extraer una conclusión positiva, como le dijo Kubrick a Stephen King cuando se dispuso a adaptar «El resplandor«.

Una historia de fantasmas por terrible que sea siempre esconde ese mensaje positivo que desconcertó tanto a King porque él quería contar una historia de miedo mientras que Kubrick, ateo, veía en ella una historia de esperanza.

El fantasma que te sigue

En anteriores artículos de esta pequeña colección comenté que he vivido muchas experiencias paranormales en el piso en el que me crié. Siempre pensé que dejando ese piso atrás también terminaría esa pesadilla, pero no fue así, puesto que me he mudado muchas veces y siempre he vivido este tipo de fenómenos.

Personalmente nunca he dudado que los fantasmas existen, al menos desde que sé qué son los fantasmas, pues hasta que oí habar de ello sólo sabía que ocurrían cosas y que esas cosas me asustaban.

Hasta ahora solo he contado una experiencia, la de la voz cavernosa que me dijo «¡ven!» cuando tendría unos cuatro años, pero desde entonces he vivido muchas más, desde pequeñas manifestaciones como aparatos que se encienden o se apagan hasta apariciones en las que una figura pasaba ante mí o incluso interactuaba de forma imposible con objetos del entorno, como por ejemplo abriendo y cerrando una puerta que había sido cerrada con un candado momentos antes.

Mi piso, como decía, me aterraba, pero fue la primera vez que pasamos un fin de semana mis padres y yo en el chalet que acababan de comprar cuando tenía unos doce años, cuando me di cuenta de que el fenómeno no ocurriría solo en el piso, de hecho en el chalet se empezó a manifestar con una violencia como nunca antes había conocido y esa violencia se manifestó de nuevo a la vuelta en mi casa habitual.

Eso me trastornó bastante y me llevó a hacerme lúgubres planteamientos como si el fantasma me había seguido o es que fuera donde fuera encontraría fantasmas airados conmigo, si había hecho yo algo malo en otra vida o si había alguien al otro lado esperando mi muerte para arrastrarme con él. Estos pensamientos me hicieron deprimirme bastante y con este suceso del chalet se desencadenaría una serie de eventos que durarían años y que solo mucho tiempo después fui capaz de controlar.

De la vida y la muerte

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