Los libros eróticos, han supuesto una de las experiencias más embarazosas que recuerdo como lector. Fue durante un viaje en el metro, leyendo Armand el vampiro, de Anne Rice, una de mis escritoras favoritas por aquel entonces. No es que fuera uno de esos libros eróticos al estilo cincuenta sombras de Grey.

 

 

 

Todo iba muy bien hasta que llegué a una parte muy subida de tono, más que erótica, bastante explícita. Pronto noté cómo iba subiendo la temperatura de mi cara, debía haberme ruborizado. Pero cuando verdaderamente lo pasé mal fue cuando imaginé al típico lector por encima del hombro del metro. Os suena, ¿verdad? El lector casual que se coloca a tu lado o detrás de ti y trata de leer al mismo compás que tú para el momento en que pasas la página. ¿Y si no conoce a Anne Rice y las crónicas vampíricas?, ¿pensara que leo literatura erótica en mis viajes?, ¿imaginará el típico gladiador con pinta de gay en la portada? Esta idea me turbó mucho y aunque, después de mirar no encontré a ese lector casual, decidí saltar unas pocas páginas y retomar la escenita en casa. ¿Alguna vez os ha pasado algo así?

Los libros eróticos siempre han sido sinónimo de controversia, pues parece que la sociedad en general piensa que los libros no son medios para este tipo de argumentos, aunque en el momento presente hay obras que están cambiando tendencias. Por otra parte es muy difícil navegar entre las aguas de la ñoñería  romántico-empalagosa y la pornografía. Por una parte, me resulta complicado el diseño de un argumento para una obra erótica de larga duración. Digo yo que debe tener otros ingredientes, aunque lo que nos interese sea el erotismo, no todo va a ser esto, y ceñirse a una relación de pareja para no aportar otros ingredientes, parece caer en una novela romántica de escaso argumento. Creo que el erotismo necesita  un argumento de tensión como cualquier otra obra y si este es distante, o hacemos del erotismo un tema transversal y recurrente de la obra o algo accidental funciona muy bien.

El caso de Armand el vampiro fue muy singular. Yo no esperaba encontrar una escena tan subida de tono en una novela vampírica, aunque ya había encontrado alguna escena algo subida en Lestat el vampiro, pero no hasta ese extremo. En mi caso lo que encontré fue un poco a traición, ¿no creéis? Quizá eso fuera lo que hizo la lectura más excitante, el no esperarlo. Creo que es un buen recurso a tener en cuenta, pero por supuesto siempre bien tratado, y esto es muy complicado de hacer en literatura. Si hablamos de erotismo hablamos de enseñar sin mostrar, esto en un libro se debe traducir de otras maneras. A menudo he leído obras de autores amateurs que tratan el tema de una forma tan explícita que no resulta nada excitante. Como en el cine, creo que la gracia está en sugerir y aprovechar las herramientas literarias para provocar quizá una lectura intimista de la experiencia.

Hasta aquí todo bien. No hablamos de libros eróticos, sino de obras que te sorprenden con un pasaje erótico que no esperabas, pero ¿qué ocurre si leemos en el metro cincuenta sombras de Grey? Si en el supermercado compramos preservativos es algo normal, ¿verdad? Pero, ¿y si compramos un vibrador y un lubricante con sabor a fresa? ¿No nos mirará la cajera a la cara con curiosidad? Los preservativos son normales y no llaman la atención, pero con lo otro estamos diciendo que vamos a hacer sexo del bueno y la cajera nos mira curiosa y su mente no puede evitar por un instante imaginarnos con el lubricante. ¿No ocurre lo mismo si leemos en el metro cincuenta sombras de Grey?  El lector ocasional pensará, “no se lo ha encontrado por error, ¡lo va buscando!”

En fin, no sé si compartís conmigo esta inquietud. Yo pienso que lo que nos da miedo en realidad es mostrar algo de nosotros mismos al mundo. Nos hemos arreglado como la gente espera de nosotros y tenemos un comportamiento normal aunque nos apetezca ir en chanclas, con una camisa colorida y una guitarrita, pero no lo hacemos porque tendemos a ser nosotros mismos en casa. Quizá con la literatura erótica ocurra lo mismo.

¿Opináis igual?, ¿alguna vez os ha ocurrido algo parecido?, ¿leeríais cincuenta sombras de Grey en el metro?

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