Lo primero que quiero destacar de La zona muerta 1983 es la magistral interpretación de Christopher Walken. En mi adolescencia leí Misery, de Stephen King de una sentada. Nunca más en mi vida un libro me ha absorbido tanto como para empezarlo y terminarlo en una sola sesión.

Poco después cayó en mis manos la obra La zona muerta y empecé a leerlo en el mismo lugar que lo hice con Mísery, pero esta vez la experiencia fue completamente diferente porque parecía que Stephen King jamás entraba en el meollo del asunto, siempre dando vueltas en torno a la vida del protagonista, sus sentimientos y todo lo que iba a perder antes de la tragedia y abandoné la lectura. Sin embargo la película tiene un ritmo más dinámico y capata la atención desde el principio.

El viaje del héroe

En pocos títulos podemos ver el viaje del héroe tan claramente como en La zona muerta 1983. El héroe parte de una situación acomodada hasta que lo pierde todo tras un accidente que potenciará cierta sensibilidad que ya estaba despertando antes. Tras esto se convertirá en el héroe incomprendido por defender una verdad difícil de aceptar.

En este momento empieza la etapa final del viaje, el momento en que debe decidir si es correcto asesinar a alguien antes de que pueda hacer el mal. ¿Sería correcto asesinar a un tirano genocida antes si quera de que conciba su idea del mal?

Por último parecía necesario un fin trágico del héroe, despojado del amor y de la esperanza. Su sacrificio por los demás será incomprendido y su nombre vilipendiado, sólo él conocerá el valor de su acción, lo que incrementará su tragedia hasta el clímax.De la vida y la muerte

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