La vida de hotel

La vida de hotel

La vida de hotel  me pilló por sorpresa. Hacía tiempo que buscaba una obra fresca y actual y esta lo ha sido para mí. No conocía la obra ni al autor Javier Montes, pero ahora estoy seguro que buscaré más novelas suyas y que os las mostraré aquí para que las descubráis conmigo. Además de que la obra es francamente buena, se ha dado la feliz circunstancia de que me asaltó en mitad de un viaje y que la leí, sin poder despegarme del libro, en mi hotel, en las horas en las que se supone que debía recuperar fuerzas para el día siguiente.

 

ESTILO

El autor, como yo, habitaba un hotel, o mejor dicho, habita muchos, porque es crítico hotelero, una profesión envidiable, como bien afirma Javier Montes. Una de las cosas que más me ha gustado de La vida de hotel es sin duda, la adjetivación en sus descripciones. No es Hemingway, que gracias a sus descripciones uno llega a sentir en el paladar el sabor de suculentos platos de pescado. La descripción de Montes en  La vida de hotel  es distinta. Emplea un solo adjetivo aparentemente impertinente pero muy mordaz, como lo sería un crítico de verdad y contextualmente muy acertado. Este es un detalle que os recomiendo que observéis cuando leáis su obra.

PERSONAJES Y ARGUMENTO

El protagonista de esta historia, realizando un trabajo rutinario, se topa, de pronto, con una escena dentro del hotel que le obsesionará profundamente, igual que obsesionará al lector y le preparará para emprender un viaje junto a él para volver a encontrarse con una mujer intrigante, excitante y apasionante. Es muy interesante, y para mí el gran punto fuerte de esta obra, la transformación del personaje en su camino, pues comenzamos considerándole de una forma; un personaje importante, con un trabajo importante, reputado socialmente, sobrio por sus acciones y sensato, a transformarse a nuestros ojos en otra cosa muy distinta, sin que, en realidad haga nada para merecer ese cambio.

Otro personaje muy interesante que a mi modo de ver en una película daría para un digno papel de secundario es el vecino de columna. Este hombre es en sí mismo un enigma, quizá no tanto por sus propias acciones sino por cómo le ve el protagonista, porque hay que destacar que en La vida de hotel  todo lo vamos a ver desde el prisma del protagonista. Este hombre, en su silla de ruedas, no es solo que sufra una transformación durante la obra, sino que esta es tan grande que podría hacer pensar que Montes cae en incoherencia argumental, aunque no es así en absoluto. Como he dicho antes, una de las claves de La vida de hotel  y por lo que funciona tan bien es que la obra está muy sesgada por la perspectiva del personaje principal. Es imposible saber realmente qué piensa este personaje a lo largo de la obra. Al final de la misma, cuando habla por última vez, su frase es terrible y lapidaria o sutil y enigmática, según cómo la interprete cada uno. Yo, que estoy claramente influenciado por las obras de terror, sentí un auténtico escalofrío.

En cuanto al tal Pedro, personaje que en La vida de hotel  no merece tan siquiera usar su propio nombre sin esa coletilla que le empequeñece, es sin duda un personaje pequeño en cuanto a su influencia moral en la obra, aunque representa la dificultad insuperable del protagonista. Está durante toda la obra ahí, para recordarnos la impotencia de nuestro amigo, y más de una vez sentimos el deseo de empujarle contra la pared nosotros mismos. Es una persona muy desdeñosa, insultante y poco educada que contrasta con el protagonista radicalmente, porque si bien ocupa una posición intelectualmente muy inferior, es sin embargo quien está por encima de él durante toda la obra y le impide llevar a cabo su misión.

Por último, el objeto del deseo de La vida de hotel. La mujer por la que vas a suspirar, con su tobillo desnudo y su zapato cerrándose sobre él es prácticamente un fin inalcanzable, al menos tal y como se enfoca durante la historia. Es muy segura de sí misma y capaz de fulminar a un hombre con una mirada, de hacerle sentir pequeño y al mismo tiempo hacerle arder en deseo y obsesión. Cuando está en escena es ella, sin duda la que maneja todos los hilos e impone su voluntad, aún sin necesidad de expresarla, a todos los que se encuentran en escena.

De la vida y la muerte

PRACTICABILIDAD Y RECOMENDACIÓN

La vida de hotel  me ha hecho sentir como en mi adolescencia, cuando me enamoré por primera vez y la chica con la que soñaba me parecía inalcanzable y muy superior a mí. El breve encuentro que tiene con el protagonista y la expectación con la que él vive cada momento, deseándola, pero incapaz de hacer nada y sin que nada ocurra, realmente, es como esa primera relación fugaz que nos deja un sabor de boca amargo. Es como una breve relación en la que ha faltado un beso durante el cual se congelara el tiempo y que pudiéramos recordar el resto de nuestra vida, pero ese beso nunca llegara y en adelante viviéramos obsesionados con ese beso y esa chica, sin poder volver alcanzarla.

No sé si Javier Montes estaba inspirado por una experiencia similar cuando escribió La vida de hotel, pero como decía Tolkien, cada obra tiene su aplicabilidad, de forma que para cada uno es muy distinto el significado de la misma. Yo la recomiendo efusivamente como una obra profundamente romántica desde un punto de vista masculino. Y es este detalle lo que hace que la obra sea, en mi opinión muy fresca, porque parece que el romanticismo solo puede ser femenino y no es así en absoluto. En mi opinión, si eres un hombre te sentirás identificado, y si eres mujer, esta es tu oportunidad para asomarte al corazoncito de un hombre. En cualquier caso, con este libro seguro que acertarás y pasarás un rato agradable.De la vida y la muerte

El protagonista de esta historia vive sin memoria. Cada vez que despierta olvida lo vivido anteriormente. Vive en una mansión siniestra con la única compañía de un ama de llaves que le recuerda la idea más horrible del mal, mientras le atormentan horribles pesadillas.

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