La Puerta de Baldur

Quizá La puerta de Baldur sea el mejor videojuego de rol de la historia. Aunque ya es antiguo tenía una serie de características que no ha vuelto a reunir ningún otro juego hasta la fecha, de modo que para los jugadores del rol convencional, si bien la historia no era narrada, el resto de mecánicas recordaba bastante a uno de estos juegos.

En La puerta de Baldur creábamos un personaje partiendo de innumerables ilustraciones posibles para nuestro aspecto físico y lo completábamos como una ficha de rol convencional, repartiendo los atributos, que posteriormente podremos ir subiendo, pero en una mecánica, como digo, que recuerda mucho a las partidas de rol de libro. De hecho, jugábamos mirando la barra de acción en la que se detallaba todo lo que ocurría y en la que se mostraban simulaciones de todas las tiradas de dados necesarias para superar todos los chequeos y todas las acciones.

Una característica interesante de La puerta de Baldur era que podíamos pausar el juego en cualquier momento para revisar todas las tiradas de dados y todas las acciones que se habían realizado en el texto.

Nuestro personaje caminaba por el universo de La puerta de Baldur con una misión principal y podía ir aceptando distintas misiones transversales, como se hace actualmente en casi todos los videojuegos de rol. Sin embargo, en La puerta de Baldur podíamos encontrar personajes que nos ayudarían y nos acompañarían en nuestro camino. De hecho podíamos manejar hasta seis personajes que se complementarían creando un equipo con múltiples destrezas. La única condición para que nos ayudaran es que les ayudáramos nosotros también, pues cada uno tenía una finalidad y una personalidad muy elaborada.

LOS PERSONAJES DE LA PUERTA DE BALDUR

Sin duda la mejor faceta de La puerta de Baldur es el tremendo trabajo realizado con los personajes. Como decía, tienen una gran personalidad y un gran trasfondo, de modo que cuando dejabas los mandos unos minutos empezaban a hablar entre sí y a veces incluso discutían. Recuerdo una ocasión en la que dejé de jugar para ir al baño y se me olvidó pausar el juego. Cuando volví descubrí que mis queridos personajes estaban luchando entre sí y alguno había muerto ya. ¿Por qué sucedía esto?

El factor principal de la personalidad de los personajes era el alineamiento: bueno, neutral-bueno, neutral, neutral-malo y malo. Además de eso, podías ver con claridad cómo unos personajes sentían desprecio hacia otros y cómo las respuestas que se daban eran pertinentes aunque aleatorias, desencadenando siempre situaciones distintas.

Si querías poder tener a cualquier personaje del juego en tu equipo no debías escoger entre los extremos: bueno o malo, pues eso te cerraría las puertas a muchos de ellos. De hecho, al encontrar a un personajes podías incluirlo en tu equipo, pasar de él o incluso pelear, dependiendo del texto que fueras escogiendo durante la conversación.

Otra cosa muy interesante acerca de los personajes era que aunque pudieras manejar seis, podías encontrar e incluir en tu equipo a muchos más. Podías dejarlos en un sitio y volver por ellos después. Recuerdo que en mi partida utilicé un edificio del juego como mi base de operaciones. En él dejaba a todos los personajes que iba reclutando y seleccionaba a mi equipo para la siguiente misión, subiéndolos poco a poco a todos de nivel.

LA DINÁMICA DE JUEGO DE LA PUERTA DE BALDUR

La vista del mapa era cenital, veíamos a los personajes desde arriba y a una altura considerable. Generalmente se jugaba parando el juego y asignando las acciones a cada uno, ya sea para moverse en formación o para el combate. En este último caso era frecuente detener el juego en intervalos de 6-7 segundos para reasignar funciones, realizar curas o cambiar la posición estratégica.

Podías guardar la partida por si alguno de tus personajes moría, aunque era posible pasarse el juego sin que muriera ninguno de ellos. Sin embargo, algo que no me gustó de la segunda parte, en La puerta de Baldur II, es que de vez en cuando y de forma imprevisible los personajes pisaban alguna trampa que suponía una muerte directa.

LO PEOR DE LA PUERTA DE BALDUR

Lo peor del juego es que se ha quedado anticuado en cuanto al nivel gráfico y que no es fácil instalar esos juegos tan antiguos en un ordenador actual. Por otra parte, el ritmo de juego es muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver ahora. Quizá nos desesperaría tener que leer tanto y detener tantas veces el juego.

Por otra parte, la historia no es que fuera la mejor del mundo. Era entretenida en el sentido de que te empujaba a ir descubriendo el mapa alrededor del mundo y a enfrentarte a distintas dificultades, encontrar tesoros, nuevos compañeros, etc., pero la historia en sí no llegaba a enamorar, de hecho yo tampoco seguí el argumento demasiado.

LO MEJOR DE La puerta de Baldur

Que a pesar de que es un juego antiguo y que es difícil de instalar en un ordenador actual, existe una versión remasterizada que podemos comprar muy económica para ios y android; por eso empecé contando primero lo peor J.

Pero lo mejor de todo es, sin duda, la experiencia de jugar a un juego de rol con todas las letras. Si lo que te gusta es el rol de toda la vida, con un libro, un master una ficha de personaje y unos dados, este juego te enamorará.

La puerta de Baldur fue el primer juego en mi vida que me pasé entero. Recuerdo que en aquella época iba muy sobrado en el instituto… Cuando escribí La puerta de Baldur conté mi gran frustración en un instituto en que suspendía las asignaturas de siete en siete y no bajaba del sobresaliente en Educación Física. Pues bien, esa época pasó, cambié de instituto y ahora resulta que con muy poco esfuerzo conseguía grandes notas.

Pues bien, como decía, en esta época iba bastante sobrado en el instituto y pasaba las tardes jugando a La puerta de Baldur para desesperación de mi madre, que me gritaba y daba portazos por la casa. Yo le enseñaba orgulloso mi último boletín de notas, me encerraba en mi dormitorio y me dedicaba a lo que realmente me importaba.

Este libro nos narra las aventuras que vive Alejandro, un niño de diez años, en un día lluvioso, en que todo amenaza con salir mal.
Nuestro pequeño amigo vive rodeado de temores infantiles que convierten cada día en una prueba de valor.
Sin embargo, cuando parece que ya nada puede ir peor, Alejandro vivirá la aventura más fantástica de su vida. Hará unos amigos muy singulares, hallará el camino para superar sus temores y descubrirá que con el poder de su imaginación todo es posible.

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