Hoy os voy a hablar sobre la ouija y aunque se lo mal que suena, voy a contar una experiencia real que yo mismo viví. Bueno, en realidad viví dos experiencias; la falsa, que será la primera que contaré y la auténtica, que vendrá después.

Todo empezó, no sé por qué, en el instituto. Bueno, supongo que estas cosas ocurren en esa etapa porque ocurre un cambio significativo en nuestra mente, pues damos un paso definitivo hacia la autonomía a través del inicio del pensamiento filosófico, cuestionamos las normas por primera vez, imaginamos un mundo ideal y lo tratamos de imponer, enfrentándonos a los demás.

En esta etapa empezamos a experimentar con la ouija como decía, en el instituto. En el patio, con una simple moneda y una hoja con el abecedario, un sí, un no, un hola y un adiós. Invocábamos al espíritu, pero allí no había nada más que unos bromistas con granos y con ganas de llamar la atención.

En una de esas sesiones una compañera vivió una historia de absoluto terror, pues el supuesto espíritu de la ouija le dijo que no llegaría a cumplir los dieciocho años. Aún recuerdo muy nítidamente cómo se fue corriendo y llorando de allí y la sensación desagradable de no desear que su luz se apagara. Más tarde me contaron lo de la broma, pero creo que a ella nunca se atrevió a contárselo nadie. Sé que le afectó profundamente, al menos durante las primeras semanas. Estaba como ausente y melancólica…

Es por ello que dicen que nunca debe tomarse la ouija como un juego. Puede que un supuesto amigo juegue contigo o puede que incluso la moneda se mueva sola, pero en ningún caso ninguna información que se dé allí tiene por qué ser real. Imagina lo fácil que sería realizar una investigación acerca del más allá si fuéramos capaces de obtener respuestas reales y comprobables. Sin embargo no es así. Existen multitud de investigadores que realizan grabaciones psicofónicas y sesiones de ouija de forma sistemática, pero lo que sea que da las respuestas los llevan locos, de acá para allá sin sentido. Frente a esto intentar lanzar baterías de preguntas sistemáticamente para obtener datos estadísticos después de preguntar cientos e incluso miles de veces y ser respondidos supuestamente por entidades distintas, pero los datos obtenidos no son significativos, sino que parecen aleatorios.

Sabemos que la ouija es un fenómeno real. Eso no puede, en mi opinión, ser discutido, pues ha sido investigado científicamente innumerables veces y desde hace muchas décadas. El problema es que sencillamente no sabemos qué es. Hay quien dice que son las almas de los muertos, quien dice que es el propio inconsciente del investigador, aunque esto último no explicaría el fenómeno relacionado, de las psicofonías. También hay quien dice que nuestro mundo puede estar habitado por otros entes que vibran a otra frecuencia y habitan por tanto en otra dimensión, y que en ocasiones ambas dimensiones se tocan… En fin, como decía, sabemos que el fenómeno existe pero no abemos qué lo provoca.

Hasta aquí todo muy blanco y científico, pero la ouija no es algo blanco y científico. Es algo más bien siniestro y bastante aterrador que a menudo hace que nos obsesionemos y que condicione el resto de nuestra vida.

En mi caso, aunque no me extenderé, porque es una historia muy larga que solo puede ser descubierta poco a poco, practiqué la ouija tiempo después, no con los besugos de mi clase, sino con un par de amigos, porque ocurrían fenómenos extraños en mi casa y buscaba una explicación o la forma de construir una teoría sobre la naturaleza de aquello, de forma que racionalizándolo, quizá mi miedo desaparecería.

Practicamos durante mucho tiempo espiritismo con la ouija y con una cadena, aunque este método lo explicaré en otra ocasión. Invocábamos rutinariamente a algún espíritu, al que hubiera por allí, pues cualquiera nos valía. Colocábamos los tres, el dedo índice sobre el símbolo del yin yang, dibujado en el centro de la hoja. Al principio basábamos la creencia de que la experiencia era real en la confianza que teníamos los unos en los otros, pero después, a raíz de contactar con una entidad en concreto empezamos a vivir experiencias paranormales relacionadas con las sesiones.

En general, aunque alguna vez nos llevamos algún susto, calificaría de intrascendentes todos los contactos que hicimos antes de dar con ella. Ella se definía como una niña que había muerto atropellada (se me eriza el cabello solo de recordarlo). Se describía como una chica de nuestra edad con el pelo cortado a lo chico, y desde que nos encontró en la ouija, estuvo muy ligada a nuestras vidas durante los siguientes años.

La necesidad de practicar la ouija desde que la conocimos se hizo tan grande que pronto pasamos a hacerlo una o dos veces al día. Suponíamos que encontrarnos y no invitarla a ella estaba mal. En realidad no nos decía nada trascendente, solía engañarnos y jugar con nosotros en ese sentido. Era divertida y lo que sí solía decir era que éramos sus amigos y que siempre nos protegería.

A partir de esta experiencia empezamos a vivir experiencias paranormales de dos tipos: negativas y otras blancas que relacionábamos con ella. En realidad era como si acercándonos a ella nos acercáramos a ese mundo siniestro donde otros podían vernos y atormentarnos.

En cuanto a las experiencias negativas, yo las había vivido desde la primera niñez, pero eran esporádicas y significativas. Sin embargo, a partir de los contactos con este ente, las experiencias se volvieron casi diarias y absolutamente aterradoras y delirantes. Uno de mis amigos, que nunca había vivido experiencias de ningún tipo, de pronto empezó a ver de vez en cuando un orbe de luz atravesando las paredes de su casa y en una ocasión recibió un mensaje en el espejo. El otro no vivió experiencias, ni antes ni después de los contactos.

Por otro lado, las experiencias blancas, las que relaciono con el ente, fueron muy significativas. Algunas de ellas estaban relacionadas con los sueños, en los que se mostraba como una figura esbelta y luminosa, verdaderamente impresionante, aunque esto no deja de ser, seguramente, una manifestación del inconsciente. Sin embargo, otras veces se manifestaba de forma mucho más clara. Por ejemplo, una de las veces que practicábamos la ouija en un banco del parque, después a la noche, mis padres me dijeron que me habían visto con mis amigos y me preguntaban quién era el otro, el que no conocían. Yo les preguntaba cómo era y ellos me la describían a ella, pero la habían confundido con un chico.

Otra cosa que en mi opinión daba toda la credibilidad a la práctica de la ouija, era que, a pesar de que cada tarde, cuando volvía a casa, doblaba la hoja y la guardaba muy bien dentro del armario, entre unos libros para que no la encontraran mis padres, muchas mañanas, al despertar encontraba la hoja desplegada sobre la mesa.

APLICACIÓN LITERARIA

Pero claro, lo que interesa para mi blog acerca de la ouija no son las historias en sí, sino qué extraigo de ellas como escritor para mi experiencia literaria. En el caso de la historia de la ouija extraigo dos ideas fundamentales.

La primera está relacionada con la historia falsa de la ouija. Es asombroso cómo podemos hacer de una mentira algo que puede ser más aterrador incluso que una realidad sobrenatural, porque aunque no entendamos la segunda, al menos podemos experimentarla como algo accidental, por aterrador e incomprensible que sea, que se cruza en nuestro camino. Sin embargo, cuando hablamos de un mensaje falso creado para desestabilizarnos y aterrarnos, podemos vivirlo de una forma trágica. Imagina que la pobre chica de la historia, desesperada se hubiera suicidado.

En este sentido, esta historia de la ouija me sugiere una historia de terror en la que cada nuevo aspecto de la misma nos va empujando más y más abajo y provoca en el protagonista una reacción inesperada, violenta y trágica, para descubrir justo al final que toda esa historia era mentira o un malentendido. Imagina una serie de situaciones que acaban en una matanza por parte de un protagonista desquiciado que acaba finalmente confundido, arrodillado en el suelo cuando descubre que su hija en realidad estaba viva porque la ve volviendo de fin de semana.

¿Conoces la serie Enredos? Todo era posible. Después de ver o escuchar algo equivocado se llegaba a unas conclusiones disparatadas que nos hacían reír. Imagina algo parecido en tono macabro, donde todo apunta a lo mismo y se encuentran mil evidencias hasta que, después del desenlace todo se descubre como un tonto malentendido o una mentira.

Por otro lado, atendiendo esta vez a la historia real sobre la ouija, el hecho de haber vivido algo tan incomprensible e inexplicable, por un lado me deja sin adjetivos suficientes para describir lo sobrenatural, pero por otro lado me hace buscar una significatividad clara con la naturaleza insólita del hecho, más que en la descripción del hecho en sí, pues para mí lo que es aterrador e incomprensible no es la sucesión de cosas que ocurren, sino el momento en que se rasga el tejido de todo lo que conocemos como real y de pronto nada tiene sentido.

Una fotografía puede volar por el aire, una sombra parece espiarnos por el pasillo, pero, ¿Por qué? Profundizar en ello me parece en sí mismo profundizar en un aspecto del terror atávico que como seres humanos sospecho que conocemos desde el principio, y con principio me refiero a dos aspectos: el principio evolutivo ancestral de las cuevas en las que se crearon los primeros rituales mágicos y el principio individual de la vida en la que todo es posible y el ser humano se basa en principios constructivos cognitivos como el animismo o el finalismo, de forma que la niñez del ser humano recuerda completamente a la niñez de la especie humana como sociedad, basada en los mismos principios.

La profundización en esta clase de terror y la antropologización de ese terror implica realizar preguntas cuya profundidad son de por sí aterradoras. Pienso que esta segunda historia de la ouija nos empuja a filosofar sobre la propia naturaleza del terror y por tanto sobre la naturaleza del mal. ¿El terror sobrenatural está basado en una base real? ¿No? Seguro que la primera respuesta es un no rotundo, pero tenemos señales de lo contrario por todas partes y sobre esas señales es sobre lo que voy a hablar en esta sección de Cosas que dan miedo.

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