La madre que te empuja

La madre que te empuja es una de las historias más aterradoras que he oído jamás. El relato parece algo inocente, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias. Debemos situarnos en la España de 1992. No existía internet ni los móviles ni la facilidad de acceso a la información de la que podemos disfrutar ahora. No es que la sociedad fuera más inocente, pero sí al menos, algo más crédula o más impresionable, justo lo que comentaba durante mi niñez, mi padre acerca de su época.

 

Fue mi amigo Marco quien me contó la historia de la madre. Pasábamos mucho tiempo en uno de esos colegios religiosos masificados de no menos de 8.000 alumnos, con seis campos de futbol sala, cuatro de baloncesto, etc. Llegábamos a primera hora de la mañana y salíamos de allí a eso de las cinco de la tarde. Demasiadas horas y demasiada poca vigilancia en un recinto en el que ocurría de todo cada día, desde peleas con candados y cadenas, fugas del centro o palizas en grupo a un solo niño, sin que la autoridad se enterara porque en realidad no importaba demasiado a nadie.

Fue en este contexto, que poco a poco iré pintando, en el que un buen día, sin venir a cuento, mi mejor y único amigo Marco, me contó la aterradora historia de la madre. Me lo contó como un caso verídico, o más que eso, una casuística que se repetía, que escapaba a toda lógica, pero que podía ocurrirte en cualquier momento. Era así como la realidad, de repente dejaba de tener sentido y las historias que más risa podría provocarnos, de pronto se convertían en auténticas y tenían una significación en la realidad.

La historia hablaba del niño que llegaba a casa después de un largo día en el colegio. Al llegar dejaba la mochila en el suelo y se dirigía al comedor a encender la televisión para ver Bola del dragón o Los caballeros del zodíaco. Entonces oía cómo la madre le llamaba, se volvía y la veía cerca, en el balcón. En un cubo había un montón de ropa recién lavada y sostenía una bolsa de pinzas en la mano. El niño, aunque juraría no haberla visto al entrar en el comedor, resoplaba, pensando que se perdería el episodio tan esperado y se dirigía al balcón para ayudar a la madre.

Sin embargo, al descorrer la puerta del balcón y salir, sus sentidos le alertaban de que la situación era del todo sobrenatural. La madre le miraba con una sonrisa torcida, antinatural, y entonces él caía en que en realidad aquella entidad no era su madre. Sin embargo, era demasiado tarde, se encontraban solos en el balcón y todo ocurrió demasiado rápido, pues la madre, con gran fuerza lo alzó en el aire y lo arrojó por el balcón a la calle, en el momento en que se abría la puerta de la calle para dar paso a la madre auténtica, que encontraría la mochila en el suelo, la televisión encendida y la casa completamente solitaria.

El componente más aterrador de esta historia era el hecho de que la propia madre pudiera lastimarnos. Mucho más que eso, que esa persona a la que tanto conocemos, se muestre un día como un ser completamente ajeno a nosotros, que no busca nuestro bien, sino nuestra perdición. Os puedo decir que nunca más salí al balcón a ayudar a mi madre a tender la ropa sin cierto recelo. Nunca volví a salir sin que vacilara mi paso y sin observarla detenidamente porque en lo más profundo de mí una voz me decía que aquella historia era cierta, y en cierto modo lo es, aunque esa es otra historia.

La cara B de todo esto, lo que hace que una historia de terror deje de ser apasionante para dar asco de verdad, en mi opinión de amante de la fantasía, es conocer decenas de hechos reales en que la madre se ha convertido en el enemigo de sus propios hijos sin que mediara más que la incomprensible maldad humana.

¿Y tú, temes a la madre?, ¿alguna vez has temido que la persona en la que más confías en el mundo se convierta en tu enemigo y busque tu perdición?

Años 50, Estados Unidos. Un joven psiquiatra recién graduado se enfrenta a su primera experiencia en un centro olvidado por el gobierno. Los pacientes, con sus singulares teorías pondrán a prueba la cordura de Adam Smith hasta hacerle perder todo apego con la realidad.
La historia parte de una posición cómoda que nos sumerge poco a poco en lo que parece una historia de terror, hasta que se convierte en un thriller psicológico de máxima tensión cargado de un humor negro un tanto desquiciado.

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