La cosa, de John Carpenter de 1982

Yo soy humano, lo sé. Si todos ustedes fueran monstruos me atacarían enseguida, por lo tanto algunos de ustedes son humanos también…

Estas terribles palabras, en un entorno de aislamiento, en una gélida habitación de una estación de investigación perdida en  la absoluta soledad de la Antártida, muestran una clase de terror por la que siempre he sentido predilección. Me refiero al terror narrado, a ese buen guion cuyos diálogos son capaces de inducir más al horror que la propia imagen. Es este, un recurso que en el cine especialmente me parece espectacular.


La cosa, de 1982  es un remake de The thing from another world, de 1951, aunque ambas están basadas en la obra de John Wood Campbel Jr, Who goes there?

Todo empieza cuando los científicos estadounidenses de la base de la Antartida encuentran a otro científico noruego de otra estación europea persiguiendo a un perro y disparando su fusil sin control. Una bala alcanza en la pierna a uno de los americanos, que se resguardan y le abaten a tiros. Hasta aquí no parece haber nada sobrenatural. Sin embargo existe un halo de misterio, una atmósfera propia de las películas de la época que convierten la obra en algo que adivinamos como absolutamente terrorífico. Me vienen  a la cabeza películas como Alien, el octavo pasajero o el exorcista, que aunque no se parecen en nada, ambas comparten con La cosa esa ambientación, ese aparente sonido de vacío, de soledad, de desesperación que nos hace adivinar que lo imposible pronto se convertirá en el eje central del film.

Sin entrar en spoilers, dado que esto ocurre a los diez minutos de la cinta, en La cosa, el mal adopta una forma humana y se hace pasar por ella  a la perfección, impidiendo a los personajes a los monstruos de los humanos, como bien se mostraba en la primera frase del artículo.

Más tarde, en una versión revisada, La cosa, de 2011, veremos un planteamiento muy similar, solo que en esta ocasión la historia parece centrarse en el equipo científico que descubre a La cosa enterrada en el permafrost, aunque esta historia no tiene nada que ver con la anterior, ni pueden compartir el mismo universo porque los sucesos de la nueva cinta no hacen posible la consecución de la historia en la versión de John Carpenter en 1982. En mi opinión una oportunidad perdida, pues podría haber recreado los sucesos de la base científica europea y cómo al final el único superviviente, un valiente noruego sería abatido a tiros en las cercanías de la base americana, penetrando el perro contaminado en la misma. Sin embargo nada de esto ocurrió.

La cosa de 2011, si es algo, es muy gore. Carece de esa ambientación magistral que se daba antes a las películas de terror. Ya no existían esos tensos diálogos capaces de infundir más temor que la imagen más terrorífica, sino que al revés, se trata de infundir el miedo a través de imágenes que recuerdan al videojuego Dead Space, en el que sobrevivías desmembrando a una especie de zombies alienígenas.

Sin embargo esta versión no es una mala película. Podríamos considerarla incluso buena de no haber existido La cosa del maestro John Carpenter, por lo que te recomiendo que la veas a ver qué te parece. Sobre todo si has visto la versión moderna. Puede que aún no lo sepas si es que eres muy joven, pero aunque suene a cliché hay cosas que se hacían mejor antes.

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