Extrañas desapariciones, la chica del ascensor

Extrañas desapariciones que han conmocionado a la sociedad, algunas de ellas a plena luz del día, e incluso como vamos a ver hoy, en el caso de la chica del ascensor, grabadas por cámaras de seguridad y sin ninguna explicación racional. Esta es una cosa de las que dan miedo de verdad. También hablaré en otro artículo sobre extrañas apariciones, pero esa es otra historia.

En este caso hablamos de Elisa Lam, una turista canadiense que desapareció un 31 de enero en un hotel en Los Ángeles. Su desaparición fue grabada en video y como podréis ver las imágenes son escalofriantes porque muestra en todo momento un comportamiento completamente anormal, como si estuviéramos viendo en realidad una película de miedo coreana.

Ella entra al ascensor y pulsa el botón del piso al que quiere subir, pero la puerta no se cierra. La manera que tiene de asomarse al exterior y la forma de aplastarse en el rincón, como para no ser vista, sugiere que se estaba ocultando de alguien, pero además, lo hace como si estuviese ida o como si aquello de lo que se oculta fuera absolutamente aterrador.

Veréis cómo sale del ascensor y está como presenciando algo, y finalmente vuelve a entrar con las manos en la cabeza, como si hubiera visto algo horrible. Después empieza a apretar todos los botones del ascensor a la vez, como deseando que la puerta se cierre cuanto antes y alejarse de allí, pero la puerta no se cierra y ella sale de allí y empieza a gesticular de forma extraña.

Es una de las extrañas desapariciones que más me han helado la sangre, a pesar de haber conocido muchas. Lo es por lo insólito e increíble del comportamiento de la chica, porque toda la secuencia está grabada y porque pese a todo lo que se pueda decir acerca de su comportamiento y el uso de las drogas, a pesar de todo, la puerta del ascensor no se cierra en ningún momento mientras ella está allí necesitando su protección. Sin embargo, después, cuando parece marcharse completamente fuera de sí, cuando ya no está a su alcance, la puerta se cierra, más de un minuto después de que pulsara los botones.

Pero ¿qué ocurrió con Elisa Lam, una de las más extrañas desapariciones que podamos encontrar en la red? Pues que desapareció. Su familia voló a Los Ángeles a buscarla y no hubo rastro de ella en la habitación, ni en el hotel ni en ninguna parte, hasta que ya en febrero hubo un problema con las duchas:

“La ducha era horrible… cuando abría la llave el agua era negra los primeros dos segundos y después volvía a la normalidad”, dijo Sabina Baugh. Además el agua del grifo “sabía horrible… era un sabor dulce y desagradable, muy extraño, no puedo describirlo”

Así que subieron a la cubierta del edificio, abrieron el depósito de agua y encontraron a la pobre joven descomponiéndose en el interior.

APLICACIÓN LITERARIA

No soy aficionado a las historias reales sobre personas que sufren o historias realistas o plausibles sobre la crueldad humana que puedan llevar a un desenlace así. Como escritor de historias de terror busco el aspecto paranormal que me hace estremecer. Algo así como Poltergeist y las películas que veía de niño a hurtadillas.

En este sentido, esta historia, entendiéndola como una de las extrañas desapariciones más fantásticas, asusta más que por lo macabro por lo insólito, porque aunque la parte inteligente de nuestra mente nos diga que no hay nada sobrenatural en ella, la parte infantil, ese pequeño rinconcito que nos dice que todo es posible, nos dice que en esta historia hay algo sobrenatural.

En cuanto a la aplicación literaria, lo que obtengo de una de estas extrañas desapariciones para mi experiencia literaria es la posibilidad de describir cómo la realidad cotidiana es rasgada por lo increíble. De pronto ocurre algo que no podemos creer, pero es real. No conocemos su naturaleza, pero la adivinamos como algo terrible capaz de manifestarse de la forma más atroz. Y la gran fuerza argumentativa de todo esto es que no lo vemos. No sabemos lo que es.

Es como esas historias de terror en que el protagonista de pronto oye algo por encima de sí mismo, levanta la cabeza y no le sale la voz. Vuelve con paso tembloroso y al salir de la gruta los compañeros que le ven palidecen, pues su pelo se había vuelto blanco.  En este caso tampoco hemos descubierto nada, pero el horror que se sugiere parece que es demasiado terrible como para ser descrito.

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