Leí el sirviente de los huesos en un par de tardes. Eso debería decir lo suficiente acerca de la genial obra de Anne Rice, cuyo único inconveniente quizá sea que se parece casi demasiado a La momia o Ramsés el maldito, de Bram Stocker.

Azriel, un joven sacrificado en la antigua Babilonia y convertido tras una maldición en el sirviente de los huesos, servirá a distintos magos a través del tiempo, aprendiendo de ellos y haciéndose más poderoso cada vez. Despertará en el siglo XX, despertado por Esther. Ambos crearán un vínculo especial en el que el sirviente de los huesos la protegerá y la ayudará.

El sirviente de los huesos no existe físicamente, sino que es una entidad etérea que puede, sin embargo materializarse, como Anne Rice explica, es muy sencillo para él juntar unos átomos con otros para adoptar una forma con la que poder manifestarse.

En esta obra, Esther y el sirviente de los huesos, al que pronto cogeremos cariño deben enfrentarse a un gigante corporativismo que pretende resolver el problema de pobreza y superpoblación de la humanidad de una manera muy sencilla e inhumana. Se trata de fomentar el crecimiento industrial y económico de occidente de forma exponencial sin preocuparse por el ecologismo ni por el mañana porque el problema se resolverá convirtiendo África y Asia en un auténtico vergel que limpiara la atmósfera y permitiera este desarrollo.

Para ello sólo había que exterminar a dos tercios de la humanidad y limpiar de seres humanos estos continentes, para lo que se estaba desarrollando un gas con el que los transformarían para siempre.

El sirviente de los huesos no es una historia con la que sufras. Azriel es tan superior y parece tenerlo todo tan controlado siempre que la novela es prácticamente un paseo y la sensación de dificultad es mínima. Además no deja ninguna duda en ningún momento de que no vaya a terminar bien. Sin embargo la historia es muy ligera, está muy bien contada y Azriel es un personaje muy interesante, por lo que la lectura de la obra se disfruta y hace pasar un par de tardes geniales de lectura.

 

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