¿El mal en la literatura es necesario para escribir una buena obra? Quizá no haya un malo propiamente, sino un conflicto o una dificultad que vencer. Si no fuera así, ¿realmente podríamos hablar de una obra entretenida?, es decir, ¿es necesario el conflicto? ¿Y qué ocurre con los juegos de los niños?, ¿necesitan también un malo o un conflicto? ¿La tensión es innata?

A menudo veo jugar a los niños y observo que desde los cuatro años, cuando empiezan a crear los argumentos para sus historias, buscan el punto de conflicto o de tensión que servirá de argumento catalizador de toda la aventura. Si tratamos de eliminar ese punto de tensión el juego ya no tiene interés. Si en nuestra tarea de educadores, cuando jugamos con ellos, hacemos ver que el malo no es tan malo, enseguida sacan otro muñeco y dicen “este sí es malo”.

Parece que no puede haber una gran historia sin una gran tensión, ni un gran héroe sin un gran villano. Así, en cierto modo, son la tensión y el villano los que configuran realmente la historia. Ahora, planteándome este principio me doy cuenta de que la mayor parte del tiempo que paso diseñando la historia, antes de esquematizarla, lo paso definiendo el conflicto y al villano, después la forma en que estos son superados, y por último, a lo que dedico menos tiempo es al diseño del héroe. Sin embargo, cuando imagino mi historia y la visualizo, el héroe se alza sobre todo esto con todo lujo de detalle, como una fotografía perfecta. Parece por tanto, que el héroe es creado por la historia, ya que soporta el hilo narrativo. Además, aunque quisiéramos es difícil definirlo completamente desde un principio, ya que pronto descubrimos que la historia necesariamente le va transformando de formas que nosotros no sospechábamos desde un inicio.

El mal en la literatura me hace pensar que la tensión es el verdadero motor de una historia. ¿Os imagináis una historia de amor en la que no ocurre nada? Los protagonistas son divinos, no tienen ningún problema y se pasan el tiempo dándose arrumacos, es decir, no sucede nada. Como decía en otro artículo: “Libros eróticos: pillado en el metro”, en una novela erótica no todo va a ser darse manteca, si fuera así no pasaría nada destacable en la obra. Es decir, trate de lo que trate la obra, debe existir la tensión y esto es algo que los más pequeños conocen bien, porque los más pequeños son grandes contadores de historias, solo hay que escucharlos.

Todo esto me ha venido a la mente por un anuncio de playmobil, summer fun, con equipo de acampada, ¡quién lo hubiera tenido de niño! Pero entonces me ha venido una idea a la cabeza, ¡falta el lobo! No imagino a los niños jugando a la familia que se va de acampada y lo pasan súper bien, sin más. Debe existir un conflicto, y si no incluyen un lobo, ya sacará el niño un dinosaurio del armario. Con esta idea he pensado: ¿la tensión es innata? ¿Qué opináis vosotros?, si recordáis cuando erais niños o si los veis jugar, ¿observáis lo mismo que yo? ¿El hecho narrativo es un hecho?, ¿el mal en la literatura es necesario para escribir una buena obra?

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