El bosque de la sabiduría

El bosque de la sabiduría, de Alex Rovira y Francesc Miralles representa un camino iniciático a través del cual el lector puede avanzar en la construcción de la mejor versión de sí mismo. Como dicen Alex y Francesc, todo lo que podemos llegar a ser se encuentra en nuestro interior. Es nuestra labor lograr que germine un mejor yo o no lo haga.

Sam, un niño de once años, debe enfrentarse a la soledad que deja la muerte de su abuelo, quien le encomienda este viaje como su última voluntad. Así, El bosque de la sabiduría, podría representar perfectamente ese cambio cognitivo que se produce a esta edad, caracterizado por la conquista de la autonomía, que conduce a los jóvenes, por primera vez a plantearse la vida en términos morales y filosóficos y les induce sus primeras propias opiniones, que generalmente tienden a revelarse a las costumbres establecidas; el desequilibrio o crisis conocido como pubertad.

También puede representar ese rito iniciático que se produce de algún modo en todas las culturas del mundo, que coincide con ese cambio paradigmático en la mente humana. Los antiguos griegos enviaban a sus niños al bosque a “cazar” a un esclavo al que se había liberado a tal efecto y actualmente en el mundo cristiano, por ejemplo, se celebra la comunión, que es la aceptación consciente de Dios.

Así, en El bosque de la sabiduría, vemos cómo Sam emprende su propio camino iniciático; el que debe conducirle a la sabiduría, o a la maduración. Este tipo de viaje, después de un evento traumático, me gusta verlo como algo alegórico, como en la película Dolls, de Takeshi Kitano. ¿Y si todo es ficción, y los personajes jamás se movieron de su punto de origen? ¿Y si toda la obra habla sobre un viaje mental o como en Dolls, de la atomización de un sentimiento que se muestra desde todos los prismas y ángulos posibles?

Un elemento que une claramente El bosque de la sabiduría, con Los siete poderes, es la utilización de una figura argumentativa; la palabra latina “humus” que es el alimento más primordial, procedente de la descomposición, que al mismo tiempo significa “tierra” y termina formando la palabra “humilitas”, “humildad”. El árbol pierde las hojas en otoño, se pudren en el suelo y forman el humus. Todas las hojas, dicen Francesc y Alex, son importantes, pues cada una de ellas puede servir de alimento un día más al árbol.

El bosque de la sabiduría, es una selección de relatos y dichos populares, todos con una moraleja bien clara, engarzados entre sí por la historia de Sam y su búsqueda. Al igual que en Los siete poderes, parece que el protagonista siempre se mantiene estático y que es el escenario el que se transforma a su alrededor, aunque en esta obra los dos lenguajes; el moral y la propia historia, están mejor cohesionados y el resultado es más natural.

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