Drácula de Bram Stoker es considerada como la mejor obra del género epistolar de la historia, y aunque como amante del género de terror me hace sentir hace sentir cierto e indefinible orgullo, también es cierto que en el género epistolar no parece tener grandes rivales, lo cual fue el segundo pensamiento que vino a mi mente tras conocer el dato. Sin embargo la calidad de esta novela no deja de ser asombrosa; la manera en que consigue atraparte desde los primeros momentos hasta un trepidante final que te dejará sin aliento en una historia en la que pronto te muestran que los protagonistas no son intocables, sino que en cualquier momento cualquiera podría morir.

Escribir una breve reseña sobre Drácula de Bram Stoker me parecía una pérdida de tiempo y una estupidez, porque ¿quién no conoce esta obra?, y además, se ha escrito tanto acerca de ella que parece un poco improductivo. Sin embargo, es cierto que si miro atrás, en el momento en que yo empecé a leer, estaban Drácula y Nosferatu como una especie de copia corrupta del primero llevada al cine sin los derechos de explotación correspondientes. Después apareció Anne Rice con sus “Crónicas Vampíricas”, el juego de rol de “La mascarada”, basado fundamentalmente en el universo de Rice, pero añadiendo razas vampíricas y a partir de ahí hubo una explosión en el cine y en la literatura sobre los vampiros que duró varias décadas, al igual que está ocurriendo hoy en día con el subgénero de zombies.

Con todo ello los vampiros han sufrido una gran transformación, como explico en el artículo “Vampiros famosos y otros malos”, desde la creencia popular antigua hasta nuestros días. Drácula de Bram Stoker se alimenta de la fuente original, de las creencias en un ser que debía ser enterrado boca abajo porque de no ser así volvería a la tierra, desandaría el camino a casa, se alimentaría de sus familiares y después sembraría el terror en la localidad.

Drácula de Bram Stoker no es este monstruo primigenio, si no que avanza un escalón muy importante hacia una sofisticación que será propia de él en casi todos sus estadios de evolución en las obras que se desarrollen en el futuro.  Como comentaba en “Vampiros famosos y otros malos” el desarrollo del vampiro en la literatura y en el cine tiene mucho que ver con el desarrollo del diablo y también con los cambios en la forma que teníamos de vernos a nosotros mismos como seres humanos en las distintas etapas del desarrollo de la sociedad.

Veíamos cómo la sensualidad es muy importante en Drácula de Bram Stoker, en la que el vampiro encarna un ser profundamente sabio e  irresistible con una gran motivación moral que le hace actuar con cierta filosofía y sentido, aunque por otro lado también muestra una versión bestial de su naturaleza representada claramente en su capacidad para transformarse en cualquier ser de la noche.

Hablamos de una obra que debe ser cabecera para cualquier amante del género, por lo que aporta al propio género de terror, pero también porque es fundamental para entender los personajes vampíricos, su evolución y por qué son así y no encontrarnos de pronto con las aberraciones de “Crepúsculo” y acabar considerando que Drácula está al nivel de cualquier producción moderna, barata para preadolescentes al estilo “Los descendientes” de Disney.

 

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