Dolls (Takeshi Kitano)

La película Dolls (Takeshi Kitano), autor también de otros títulos como El verano de Kukijiro, es una aventura visual que narra su historia basándose en los bunrakus, un tradicional teatro japonés en el que intervienen marionetas y que se caracteriza por la unión de tres artes distintas; las marionetas, la recitación y la música.

De este modo veremos en Dolls (Takeshi Kitano), dolls se traduce por muñecos (marionetas), tres historias con una aparente conexión endeble, que sin embargo son matices de una misma historia y que como en los bunrakus, se juntan para conformar un sentimiento completo en el espectador.

Takeshi Kitano, director con tradición en la realización de cintas de suspense caracterizadas por escenas muy estáticas en las que parece que no ocurre nada y sin embargo sí que ocurre, y por un sentido del humor extremadamente sobrio, dominaba muchos de estos recursos expresivos cuando realizó Dolls, para los críticos la obra cumbre de su carrera.

Lo que vas a leer a continuación no es una reseña, sino un análisis de la obra desde una perspectiva literaria y narrativa. Un spoiler en toda regla. Lo que te propongo en este artículo es que veas la película, reflexiones sobre ella y luego leas el artículo. También puedes hacerlo al revés; puedes leer el artículo y se te interesa lo suficiente ver la película con la ventaja de tener un punto de vista inicial muy amplio. En cualquier caso, si no deseas que se te revele ningún detalle de la cinta que pueda estropear tu experiencia te recomiendo que no sigas leyendo.

ESTILO

Dolls (Takeshi Kitano), es una obra de una gran belleza visual en la que los colores cobran una especial importancia, ya que no solo van a determinar el estado de ánimo de los personajes y el punto emocional de la historia, sino que además forman la estructura narrativa.

En este sentido, la cinta se estructura de forma compleja de varias formas; por un lado existe una estructura emocional delimitada por los colores, que representa las cuatro estaciones; verde, amarillo, rojo y blanco, y después nuevamente el rojo, que dará significación al desenlace.

Por otro lado, existe otra estructura a nivel organizativa, pues la película se compone de tres historias que aunque en una interpretación superficial de la obra, se diría que son independientes y que su conexión es el tema del amor, al estilo de películas como por ejemplo Manuale d’amore, aunque con un enfoque dramático y “japonés”, en realidad no es así. Esta fragmentación de Dolls (Takeshi Kitano), es parte de una lírica muy elevada.

Con las tres historias nos están contando una, en realidad. Kitano ha aunado tres partes de un mismo todo, ha descompuesto un sentimiento en tres matices y los ha contado por separado para aunarlos y su manera de mostrarlos ha sido dotando cada una de estas historias con un carácter propio de los bunrakus.

Por un lado contamos con las marionetas y un lenguaje visual en la primera historia, en la que lo fundamental son los personajes y el escenario es un complemento idóneo para los mismos; por otro lado la recitación, con la elocuencia que se muestra durante la segunda historia, y por otro lado la música, argumento principal de la tercera historia.

En Dolls (Takeshi Kitano) veremos saturaciones de color y composiciones escénicas realmente bellas, acompañadas de encuadres sostenidos que darán la sensación de estar visualizando un escenario en el que faltan los personajes, aunque estos en realidad se han fundido en el escenario, aunque sería más correcto decir que la magia de Kitano ha fundido el escenario en los personajes, pues juntos forman un mensaje completo que no tiene necesidad de palabras, ni siquiera de movimiento.

RECOMENDACIÓN

Cuando hablamos de Dolls (Takeshi Kitano), hablamos de una película algo complicada de entender. Si hacemos una interpretación lineal de la misma en la que sucede lo que me están mostrando y no hay lírica, ni mensaje oculto, ni poesía, hablaríamos de una extraña obra sin sentido, y ciertamente ha sido interpretada muchas veces así desde la perspectiva del cine comercial actual para el que usamos los ojos, los oídos y una mínima parte del cerebro.

Sin embargo, la riqueza de esta cinta se encuentra precisamente en que es una obra de arte en sí misma, y como tal, podemos realizar nuestra propia interpretación, habrá tantas interpretaciones como personas y además todas ellas serán correctas, porque como toda obra de arte, el espectador la hace, en cierta medida, suya con su interpretación.

En este sentido Dolls (Takeshi Kitano) nos hace reflexionar profundamente sobre el amor. Si alguna vez te has enamorado y has sufrido por el desamor, si te has sentido desdichado y has llorado amargamente en casa, esta película te hará recuperar esas sensaciones y también esas antiguas lágrimas y ese nudo asfixiante en la garganta.

Dolls (Takeshi Kitano) es una película para los que han sufrido por el amor, para los que han anhelado algo mejor para sus vidas y han temido en algún momento vivir sin la persona amada. También es una historia para reflexionar, para que decidamos qué papel vamos a tomar en nuestra historia de amor. ¿Un papel pasivo, en el que nos dejamos llevar como una hoja al viento, siendo víctimas del destino?, ¿un papel negacionista en el que nos convertimos en nuestro propio obstáculo para alcanzar la felicidad?, o acaso un papel activo en el que lucharemos el amor derribando cualquier impedimento que surja en nuestro camino?

ESTRUCTURA

Antes de dar comienzo propiamente la obra, encontramos una extraña representación con marionetas que sorprende por su aparente desubicación. Hablamos de los ya mencionados bunrakus. Las marionetas dan comienzo a la historia, la empiezan para que sea la película la que desarrolle esa historia después. La aparición de los Bunrakus anuncia ante todo la estructura de Dolls (Takeshi Kitano).

Como ya he anticipado antes, en Dolls (Takeshi Kitano) existen dos esquemas que estructuran la historia; por una parte los colores, que representan las estaciones y el desenlace, siendo estas estaciones y estos colores una especie de reloj que nos anuncia en qué parte de la cinta estamos, como si se tratara de una composición en cinco actos ininterrumpidos. Por otra parte, esta estructura también representa además los estados de ánimo y la propia evolución en los sentimientos que conducen la historia.

También hablaba de otra clase de estructura, esta vez de tres historias que son en realidad tres enfoques distintos de la verdadera historia, aunque esta en realidad no existe. En mi interpretación de la cinta, ya cuando la vi en el momento de su estreno, y ahora también, al hacer la revisión para escribir este análisis, es que la historia de la película dura apenas cinco minutos; El comienzo, saltando la parte introductoria con las marionetas, en el que se explica que Matsumoto ha roto su compromiso de bodas con Tsawako para casarse con la hija del Director de su empresa y los instantes del final, en el que Matsumoto y Tsawako se contemplan y las expresiones de ambos me arrancan, como espectador, parte de mi alma dolorosamente.

Según esto, el resto de las películas y las tres historias sirven al propósito de desmenuzar hasta una escala atómica los sentimientos de Matsumoto y Tsawako y la evolución de los mismos, siendo que dicha evolución puede tardar años en darse, pero también apenas unos instantes.

TEMAS

Los temas de los que trata Dolls (Takeshi Kitano) se agrupan cómodamente en la estructura argumental del director, distinguiendo claramente un tema que domina toda la obra y que es motor de la misma y después, en cada una de las historias, un tema principal, que juntos, los cuatro, configuran ese sentimiento del que Kitano quería hablar y sobre el que quería invitarnos a reflexionar.

EL AMOR, LA HIPERIDEALIZACIÓN DEL AMOR Y EL HONOR ABSURDO

Este es el tema general de Dolls (Takeshi Kitano). Nace con el bunraku, al comienzo de la obra. Hablamos de una hiperidealización propia de la adolescencia en la que parecía que la felicidad sería completa con la persona amada, en la que vivimos experiencias vitales por primera vez, experiencias que marcarán el resto de nuestras vidas y que son percibidas en una grandeza tan grande que toda la vida seremos capaces de recordar el olor a las flores de jazmín que nos embriagaba durante nuestro primer beso.

Cuando este se da se desatan fuegos artificiales, y sin embargo, la pérdida del amor se siente como una tragedia espantosa de la que no seremos capaces de recuperarnos porque supone el fin del universo.

Esta idealización ha sido representada en el cine japonés magistralmente en numerosas cintas, como por ejemplo “el camino a casa”. Quizá sea por su cultura que sean capaces de recrear tan fielmente un sentimiento tan profundo y tan complejo de analizar.

EL MIEDO A PERDER A LA PERSONA AMADA Y LA NECESIDAD DE PERDÓN

Este tema se representa en Dolls (Takeshi Kitano) con la historia de Matsumoto y Tsawako, los llamados mendigos atados. Iban a casarse, pero todo el entorno de él le presionó para que se casara con la hija del Director de la empresa. Así anuncia su boda con ella y Tsawako intenta suicidarse, tras lo cual se la mostrará como si hubiese perdido la cabeza. Matsumoto, profundamente arrepentido abandona a la chica en el altar y se va a buscar a su amor.

En esta parte tiene gran importancia el apartado visual, que coincide con el aspecto “marionetas” del bunraku. Siempre que veamos a Matsumoto y Tsawako, ellos representarán las marionetas y el decorado se fundirá en ellos como un elemento expresivo más. Los diálogos durante esta parte son anodinos e incluso infantiles, no aportando nada a la historia.

En el minuto 10’27’’ de Dolls (Takeshi Kitano) vemos una escena magistral que muestra la. En esta escena veremos a una enfermera guiando a algunos pacientes, enfermos mentales para barrer el patio. EN la otra mitad del encuadre no existe ningún movimiento. Se encuentra Tsawako, hundida, sentada sobre un aparato de aire acondicionado, mirando al suelo, una mariposa con el ala rota, que es ella misma en realidad, pues está contemplando su propio interior.

Veremos un claro simbolismo a través de los colores entre la mariposa y Tsawako. La mariposa es roja y en ella, vestida de gris, destacan principalmente sus calcetines rojos.

Esta escena es como una especie de decorado al revés en el que lo que está en movimiento es el auténtico decorado y lo que está quieto (Tsawako) es lo único que importa. Hablo de un encuadre espectacular porque a pesar de la acción, la vista se te va hacia ella, que te captura y mantiene tu atención.

Los enamorados están juntos de nuevo, pero solo físicamente, pues están a mucha distancia emocional. Esto se representa a través de una escena en la que sentados juntos, él la mira a ella, pues la busca en las tinieblas de sus sentimientos, pero ella no le mira a él, mira al suelo, a la mariposa con el ala rota, como alienada y fuera de sí.

La cámara, cerca, muy cerca de sus rostros gira lentamente alrededor de los mismos enfatizando lo que en una lectura superficial parece la búsqueda que el emprende en el interior de ella para rescatarla de la oscuridad y estar juntos de nuevo, pero en realidad no es así. A ella se la muestra como loca, pero no lo está, solo está profundamente dolida y rota por dentro. Es entonces él el que está perdido, el que no comprende y por tanto el loco.

Otra escena magistral de Dolls (Takeshi Kitano) que muestra el miedo a perder a la persona amada y la necesidad de perdón ocurre en el minuto 30’47’’. Momento en que ella se empeña en comprar un juguete con una pelotita rosa. Ella pasa la noche jugando con la pelotita y por la mañana la pelotita va rodando hasta la carretera y un coche la aplasta.

Él le ofrecerá una nueva pelota, pero ella no la quiere. Quiere su antigua pelotita. Intenta jugar con ella, pero ya no sirve, y llora amargamente, pero enseguida se adivina que la pelota no es una pelota, pues hay tanta amargura en su llanto que la transmite al espectador con facilidad. Esta escena es una hermosa alegoría que en sí misma es capaz de contar toda la historia de Dolls (Takeshi Kitano) en una sola escena.

Matsumoto la atará al coche para que no se pierda mientras esté en la tienda, pero ella tira una y otra vez de la cuerda, tratando de alejarse de allí, de lo material, de la sociedad y de lo que esta espera de nosotros. Cuando él vuelve desata el extremo del coche y se ata con ella. Así, juntos emprenderán un viaje de descubrimiento hacia la profundidad del abismo de su dolor, convirtiéndose en los mendigos atados.

Veremos la evolución de ambos a través de los cambios de vestuario y la fusión de los colores de los mismos con el entorno, recorriendo así las cuatro estaciones y alcanzando el grado máximo al final con una saturación en rojo completa y bellísima que da como resultado el desenlace de la obra.

El viaje alcanza su punto culminante una noche en la que ella sueña que tres agresores la arrastran, tirando de la cuerda y la violan uno tras otro sin que su amado se despierte si quiera. Después, despiertos, ambos se asoman al abismo, en un acantilado. Esto vuelve a ahondar en la sensación de que no es ella la que no despierta a la realidad, sin él.

EL MIEDO A UNA VIDA MALOGRADA

A mitad de cinta empieza la historia de un anciano, uno de los jefes de la yakuza japonesa. Este personaje está rememorando su juventud, cuando era un joven sicario y su ascenso. Se muestra la extrema dureza del personaje, capaz de asesinar incluso a su propio hermano, aunque por supuesto hablamos alegóricamente, pues este personaje siempre ha negado sus propios sentimientos hasta el punto de creerlos muertos en un proceso de endurecimiento y negación que parece no tener fin.

En esta parte de Dolls (Takeshi Kitano), los diálogos no son anodinos, sino que están cargados de una gran elocuencia y una gran importancia en el desarrollo de la historia y son los diálogos y no la imagen los que provocan el sentimiento que Kitano quiere transmitirnos.

Así, en el minuto 49’39’’ veremos una escena que es la equivalente al recuerdo en que mataba a su hermano (recordaremos que en dicha escena decía: fue una lástima. Estábamos muy unidos). Se trata de una escena de juventud en la que él rompe con su amada.

Ella en respuesta hace una promesa solemne: “cada sábado vendré a traerte la comida” con la esperanza de que algún día él regresara, y con el solo gesto de hacerlo pudieran continuar con sus vidas juntos. Hablamos con ello de la hiperidealización del amor, como aquella escena sublime de “El camino a casa” en la que ella le esperaba en el camino, y pasaban los días sobre ella, los meses, las estaciones y los años.

Esta escena representa la escena del anciano por ser feliz. Cada sábado acude al parque a ver a su amada, pero mo se decide a volver con ella. Kitano nos muestra el honor absurdo y lo enfrenta con la profunda tristeza que siente el anciano por su vida malograda.

Cada sábado ella acude sin falta, con la misma ropa y siempre reserva el antiguo sitio de él en el banco, por si decidiera volver. Él contempla la escena desde lejos. Su relación terminó, pero el sitio en el banco y el lugar desde donde él mira, representan el lugar en sus corazones que nunca otra persona llenó.

EL AMOR POR ENCIMA DE UNO MISMO

Volvemos a la hiperidealización del amor de Dolls (Takeshi Kitano). Esta vez con el tercer elemento del bunraku; la música. Cuenta la historia de Arura, una famosa cantante, y de Nukui, un admirador que la sigue a todas partes y que está enamorado de ella. Una noche ella tiene un accidente y pierde un ojo, hecho que acabará con su carrera, tras lo cual se recluirá y prohibirá que se acerque ningún fan para que no la vean en ese estado.

Un día, sin embargo permiten que Nukui llegue hasta ella, porque este ha perdido la vista y por tanto no puede verla. Ella le reconoce y le pregunta por qué se ha quedado ciego, a lo que él responde: “pensé que sería mejor no poder ver”.

 EL QUINTO ACTO. PUNTO DE GIRO Y DESENLACE

En el minuto 1h26’36’’ vemos cómo el anciano por fin supera sus propias barreras y se acerca a su amada, compartiendo con ella su comida y saboreando dicho momento aunque sin descubrirse aún.

En el minuto 1h26’46’’ Matsumoto por fin se encuentra ante el dolor de ella, representado por el encuadre en rojo, bellísimo que mencionaba anteriormente. Ambos están de espaldas a la cámara, contemplando el dolor que tienen ante sí, representado por una saturación visual de las hojas del otoño.

Es el fin del universo, el fin del amor. Por fin él lo ha comprendido. Las otras historias, que eran un complemento expresivo de la principal; el miedo de Matsumoto de una vida malograda sin Tsawako, representado en la segunda historia y su amor hacia ella por encima de todo, representado en la tercera, se cierran trágicamente en el momento en que Matsumoto comprende que lo que ha destruido es irreparable.

Ella se aferra a un objeto; un colgante que él le regaló cuando se prometieron. Se lo muestra, mirándole por primera vez y le sonríe, recordando ese momento tan feliz, pero su rostro cambia lentamente hasta la más profunda tristeza recordando la traición de él. El rostro de él también lo hace en una sublime manifestación final del sentimiento de pérdida y de ruina. Ha llegado el invierno, ha llegado el final.

 EJERCICIO DE ESCRITURA CREATIVA

  • Traslada al lenguaje literario la escena de Tsawako, de Dolls (Takeshi Kitano), en la que mira la mariposa con el ala rota. Describe el encuadre y trata de transmitir el sentimiento visual con palabras.

Como escritor no puedo dejar de preguntarme cómo lograr este efecto audiovisual en la literatura traduciéndolo a su lenguaje. Una posible solución puede ser a través del monólogo interior y de un ascenso posterior de lo concreto a lo general, o al revés. Así, empezaríamos describiendo la mariposa con el ala rota, atribuyéndole sucesivamente más cualidades humanas, a través de un proceso.

Después describiría la mariposa, no ya directamente, sino a través de su reflejo en la mirada de Tsawako, para personalizar dichos sentimientos en ella y profundizar un poco más en ellos a través de una descripción en la que ella se va haciendo pequeña a medida que alejamos el punto de vista y terminamos con una descripción completa de la escena con la enfermera y los pacientes, interactuando de forma anodina con su mundo y su drama.

VALORACIÓN

Dolls (Takeshi Kitano) es una película sublime. Se trata de una alegoría completa del sentimiento de ella. Podríamos resumirla en esos cinco minutos del principio y el intercambio de expresiones del final. Podríamos decir que es la típica historia de la pareja que rompe, pero lo que quiere decirnos Kitano es que importa. El amor es importante y que importa el daño que podemos hacer.

La cinta plantea lo absurdo que es todo lo que se encuentra fuera del amor y que desde esa posición trata de afectarlo. No hay nada, ningún trabajo, ni la familia, ni ninguna otra cosa que deba intervenir en él. Kitano nos muestra el amor como la sublimación del alma; algo a lo que no podemos renunciar y que debemos cuidar, pues de no ser así, los miedos mostrados en los temas de los que habla Dolls (Takeshi Kitano) se vuelven reales y acaban con nuestra vida y con el universo entero.

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