Cementerio de animales es esa obra de Stephen King que reconozco que vi en televisión cuando era un niño y sin embargo el libro lo acabo de leer ahora. En el artículo “Carrie (Stephen King)” expuse mi decisión de emprender un ciclo Stephen King, ya que apenas había leído nada de él en toda mi vida y llevaba años queriendo hacerlo.

En fin, Cementerio de animales fue en su momento una película que me hizo estremecer de terror con un icono muy claro; el gato. De hecho, cada vez que he hablado con alguien sobre los recursos del cine para provocar el susto a través de la banda sonora, desde la niñez se me ha representado ese maldito gato y cómo algo tan cotidiano puede ser visto como algo tan siniestro.

 

 

EN POCAS PALABRAS (para los rapidines)

Cementerio de animales me ha encantado. Stephen King me demuestra con cada libro nuevo que leo que es un maestro del género. No solo es que sus historias sean buenas, es que además consigue imprimir en nuestra imaginación una escena terrible que se sostiene en nuestra mente mientras se precipita el desenlace. En este caso, la visión del niño esperando a la madre y mirándola con avidez mientras cambia el bisturí que esgrime de una mano a otra, como decidiendo con qué mano asestará la primera puñalada es atroz.

Quizá una de las primeras novelas de zombies, aunque no lo son propiamente pero nos recuerdan mucho a ellos, Mientras los familiares, que han enterrado a un ser querido en el antiguo y misterioso cementerio de animales pretenden convencerse de que va todo bien, que el hedor a carne podrida y a tierra húmeda pasará y que la mirada bobina de su hijo adquirirá poco a poco su aspecto habitual, este parece estar tramando un final terrible para ellos.

UN POCO DE ANÁLISIS (pero sin pasarse)

En esta obra, la obsesión por la muerte, el miedo a desaparecer y el miedo al dolor forman el motivo principal. Podemos decir que como historia es la suma de una composición de relatos que tratan estos temas, y que configuran un universo siniestro y frío en que la muerte no se muestra necesariamente como algo irrevocable y en el que poco a poco, la sucesión de dichas historias irán cargando de razones al protagonista para revocar la muerte de su hijo en un siniestro y antiguo cementerio de la tradición hindú de la antigüedad en Maine.

King trata el dolor y la vergüenza de la enfermedad y la muerte a través de la historia de la mujer de Louis Creed, el protagonista, cuya hermana, víctima de una extraña enfermedad que la cubrió de bultos y deformaciones, fue abandonada en su dormitorio, sepultada en vida en aquella habitación para que la visión de su enfermedad no cubriera de vergüenza a la familia. Su muerte la acompañará y atormentará toda su vida y da una de las principales bazas argumentales en Cementerio de animales sobre el terror a la muerte y la necesidad del protagonista de desafiarla.

En Cementerio de animales me sorprendió agradablemente la aparición de un personaje literario llamado “el Wendigo” acerca del cual podemos encontrar un relato magistral escrito por Algernon Blackwood, uno de los escritores vinculados al círculo de Lovecraft. Se describía en dicho relato a la criatura como un antiguo espíritu del bosque y Blackbood transmite en esa obra una clase de terror particular, provocado por la sensación de soledad en un hombre rodeado de la basta naturaleza primigenia.

En el caso de Cementerio de animales el Wendigo es descrito también como un espíritu salvaje que si toca a un hombre lo corrompe y le incita a probar la carne humana. Con Blackwood cuando el Wendigo te toca te transfiere parte de su espíritu y te acabas transformándote en él, perdiéndote en la naturaleza. En ambos casos vemos cómo el encuentro con este ser es fatal y responsable de una cruel transformación que acaba con la identidad del sujeto. En la presente obra la risa del Wendigo es terrible y hace estremecer al lector, temiendo en todo momento que se deje ver por alguno de los personajes.

El Cementerio de animales tiene voluntad propia, o hay algo en él que la tiene y que puede influir en los demás y en el entorno de una forma sutil y mística. El camionero no sabía por qué una fuerza le impelía a pisar el acelerador a fondo a través de aquella estrecha carretera; el niño sintió el impulso de huir de papá entre risas camino de la misma, y su vecino, que conocía el camino hacia el Cementerio de animales sintió tiempo atrás la necesidad de revelar su secreto al protagonista. Aunque todo parece casual en esta historia nada lo es. Desde la muerte del gato hasta la última escena de la obra, brutal y terrible en la que una mano se posa sobre su hombro y hace estremecer profundamente al lector.

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