Carnaza para orcos

Elrik, encogido, miró alrededor de sí. Una multitud de voces aullaba, gemía, silbaba y gritaba hasta desgarrar sus gargantas. El sonido era ensordecedor, venía de todas partes a la vez. Solo separaba a él y al resto de sus compañeros de una legión salvaje, unas endebles tablas de madera y varios comisarios de la liga temblorosos.

Los orcos, estirando sus brazos rozaban la ropa de uno de estos comisarios, que de un salto entraba en el terreno de juego. Las gradas estaban cerca, muy cerca. Por un momento sus miradas se encontraron; los únicos humanos entre monstruos. La mirada del comisario era vidriosa, al borde de un ataque de pánico. Miró de nuevo a las gradas. Estas se levantaban en vertical sobre el terreno de juego cerrándolo tanto que las cuatro alturas apenas permitían ver el cielo si no alzaba mucho la mirada. Tras cada balcón filas y filas de orcos que se arremolinaban para mirar el campo y gritar amenazadoramente. El olor a almizcle y sudor le mareaban; el intenso clamor alrededor de sí, el pánico que sentía, la mirada del comisario, todo esto le hacía sentir enfermo.

Un clamor de la grada llamó su atención. Un orco había caído desde la última fila de balcones hasta el graderío a pie de campo. Cayó sobre un grupo muy enardecido y rápidamente fue despedazado entre las risas de los otros y los gritos furiosos del grupo de arriba, que pronto empezó a descargar sus heces sobre estos.

Elrik sabía jugar, por eso había sido contratado. Era un gran líder allí en su tierra de verdes praderas, mucho más allá de las tierras salvajes. Aceptó viajar con las ratas a cambio de una fortuna, pero jamás imaginó un horror semejante. Aquello no era deporte, era la guerra.

Sus compañeras las ratas no parecían preocuparse en exceso. Parecían muy concentradas tratando de ignorar todo aquello. ¿Tendría algo que ver aquel ungüento oscuro que no quiso utilizar momentos antes?

Las piernas le temblaban, apenas le sostenían. Un ensordecedor y multitudinario pitido anunció la entrada del árbitro. Parecía más asustado incluso que él. Miraba alrededor de sí con el rostro desencajado, cosa que parecía complacer a la hinchada local. Llegó al trote al centro del campo, donde se encontraba Elrik. Le saludó, pero él le contempló con un horror mal disimulado y le oyó mascullar “¡por la diosa!” Le miró como quién contempla un cadáver, cosa que hizo estremecer a Elrik.

De pronto, un inmenso clamor. El equipo rival aparecía por fin, alzando los brazos, rugiendo, clamando, quebrando sus gargantas también, reclamando la furia de la afición, que redobló sus gritos hasta hacerse ensordecedores. Los jugadores ocuparon sus posiciones y de pronto el ambiente redobló de nuevo su intensidad. Una gran sombra emergía al campo. ¡Era él! El mítico 6Cjns.

Sabía lo que debía hacer; esperar al saque, saltar hacia atrás para no ser atrapado por la bestia, y lanzarse al ataque para intentar derribar a algún orco. 6Cjns se colocó justo ante él. Intentó cogerle del brazo, pero este se echó atrás.

-¡Te voy a matal! -escupió salvajemente con el rostro completamente desencajado aquella bestia.

Elrik recordó su aldea natal, su equipo más allá de las montañas y las tierras salvajes. Allí era un héroe, nunca debió viajar hasta aquellas tierras.

Miró a 6Cjns, tuvo la desagradable sensación de cagarse encima. 6Cjns husmeó con su gran nariz y estalló en carcajadas. El árbitro pitó. Erik saltó hacia atrás, pero con sorprendente agilidad 6Cjns le agarró del casco. Se sintió atrapado, atraído irresistiblemente hacia el homicida, que lo alzó en el aire y aplastó su cabeza con violencia contra el suelo.

Todo quedó oscuro para Elrik. El estadio aulló, 6Cjns alzó los brazos y rugió, como celebrando un touchdown. Al árbitro ni se le ocurrió llevar su pito a la boca, y las ratas, como si nada hubiera ocurrido sacaron un sustituto al campo.

El balón voló por el aire y cayó en manos de Ruik la rata, que corrió escabulléndose de unos y de otros hasta alcanzar la línea de touchdown. Ruik celebraba desconcertado el triunfo sin dar crédito a lo que veía. El público aún aclamaba a su héroe 6Cjns, que se divertía desmembrando al desgraciado humano. “Carnaza para orcos, un entrenador muy astuto”.

Ruik volvió contorneándose ante la mirada incrédula del árbitro, que aún no sabía si debía anular el tanto.

Ruik miró a la aullante grada, a 6Cjns, ¡aquel sería un gran partido!

 

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