Ahora me toca a mí, de Selma Lonning, es la clase de lectura que refleja algunos aspectos claves sobre el matrimonio. Aborda el universo de las mujeres que no han conocido el orgasmo, solo que la protagonista de esta historia decide que eso se acabó y emprende una carrera destinada a conseguirlo. Así, a veces con humor y otras con dramatismo, Julie se enfrenta a la búsqueda incierta de un símbolo, una señal para su vida.

La obra refleja en parte, la soledad que se siente en las ciudades. Estamos rodeados de gente, pero en realidad no siempre podemos contar con nadie. A veces porque realmente no se nos ofrece esta ayuda, otras, sencillamente porque nosotros la evitamos. Trabajamos solos y los demás se convierten en un instrumento para nuestros deseos; nosotros al mismo tiempo no somos más que un instrumento para los demás.

En Ahora me toca a mí, las relaciones humanas son desesperanzadas, frías y carentes de  compasión y consuelo. No se trata de una obra triste, al revés. Llegaremos a estas conclusiones a través del humor de la que imprime la autora. Hablamos de relaciones disfuncionales de todo tipo que se muestran como microhistorias dentro de la obra y que sufre la protagonista, de modo que es muy fácil sentirse reflejada en ella en algunas de ellas.

El conformismo social que acepta Julie, la protagonista de Ahora me toca a mí, es uno de esos elementos que evocan la tristeza en la obra. Parece que se enfrenta a lo irresoluble, que no tiene capacidad para cambiar su destino, porque tampoco tiene, quizá, la capacidad de comprender cuál es la realidad que la rodea.

La obra aborda muchos y muy variados elementos desde su infancia que quizá pudieron incidir en su incapacidad para sentir un orgasmo. La profundización en todas esas relaciones humanas, junto a sus diversos intentos por alcanzarlo por fin, son lo que conforman la obra. Veremos cómo esas relaciones y sus consecuencias definen el comportamiento de la Julie presente y cómo su comportamiento y su actitud son en sí mismas un obstáculo para la consecución de su orgasmo. Ahora me toca a mí, aborda en tono de comedia sus intentos a través de la masturbación y con cierto tinte de drama en el fondo todos estos hechos de sus relaciones pasadas.

En todo momento queda en entredicho la sexualidad de Julie. Aunque queda claro que es una persona sexual, finalmente queda la duda de si lo es porque siente que debe serlo o porque realmente desea serlo. Si bien es cierto que siempre está patente su necesidad de fingir, también lo es que existe una atracción entre ella y determinados hombres que aspira a convertir en relaciones sexuales. Es esta una dualidad de Ahora me toca a mí, que no llegué a comprender. Quizá el sexo sea para Julie una necesidad social y psicológica, aunque no física.

Quizá la enorme contradicción de que Julie no cuente con su marido para resolver su problema, sino que sea este un proyecto que lleva en secreto, y su incapacidad para concentrarse en la masturbación fueran dos elementos que combinados resulten tronchantes, si no fuera porque en ellos se adivina un atisbo de realidad. La falta de comunicación con su pareja, la ausencia de complicidad y casi de relación existente entre ambos y su incapacidad por estar realmente consigo misma, al margen del resto del mundo, parecen ser el principal problema de la protagonista en la historia.

TERRENO SPOILER

Si te adentras más allá de estas líneas desvelaré detalles sobre la obra, pero nunca su final. Tal vez no quieras que te los cuente, aunque yo lo he considerado fundamental para escribir una buena reseña. Si deseas continuar, ahora empieza lo interesante. ¿Estás preparado?

RELACIONES DISFUNCIONALES

Ahora me toca a mí, refleja a la perfección la atomización del ser humano de nuestra sociedad actual. Un hecho significativo en el que se muestra tal atomización es el hecho de que Julie, que se ha planteado la búsqueda de su primer orgasmo, lo hace sola, sin considerar que su marido deba jugar ningún papel en ella.

Cuando las relaciones entre las personas se producen en Ahora me toca a mí, estas son totalmente gélidas y desesperanzadas. No existe una auténtica comunión entre dos seres humanos. Un ejemplo de ello es el momento en que Julie, desesperada, decide contar con una amiga lesbiana para que la ayude a alcanzar el orgasmo, pensando que es una experta y en plenos preliminares vomita en su cojín. Esto termina con los preliminares y con una factura de la tintorería.

Parece como si Selma tratara de exponer todas las relaciones disfuncionales posibles en Ahora me toca a mí. Otro ejemplo de ello es el exhibicionista gordo con su pequeño pene que abre su abrigo mostrando su desnudez y dice “¡tócalo!”, y sin embargo, cuando la protagonista lo toca, huye gimoteando como un niño pequeño al que han hecho daño. También describe como niños a los pescadores que se masturban y sonríen mientras la observan tomando el sol y ella asiste con indiferencia e incomprensión a ese insólito acto.

INSTRUMENTALIZACIÓN DE LOS DEMÁS

Los demás son para Julie una forma de satisfacer sus deseos. Ello implica que sienta la necesidad de desprenderse de ellos una vez han cumplido su función o que los utilice, como en el caso de su perrito, al que arrastra hasta la trampa abierta de alcantarillado para no volverlo a ver, en su niñez. Lo mismo parece ocurrir con Ludmila, su asistenta, de la que se quiere desprender a toda costa, a pesar de que fue ella la que insistió en que necesitaban contratarla. Resulta que el perro, además de ofrecer su amistad y su cariño, tenía ciertas necesidades de cuidado, de las que Julie acaba hartándose, al igual que con Ludmila. Cuando esta muestra su faceta humana, esta faceta molesta a la protagonista de Ahora me toca a mí.

Quizá no exista mayor instrumentalización del ser humano que la que ejerce un maltratador con su víctima, y en Ahora me toca a mí, también se toca este campo. Es el conocido como el inglés quien tiempo atrás mantuvo una relación con Julie, que se acercó a él porque le parecía que más bien la protegería con esas manazas y ese aspecto de bruto y bobo, pero más bien fue al revés, pues quizá el miedo o la inseguridad convierten al inglés en un tirano para Julie.

Otra forma de instrumentalización del ser humano y quizá la más practicada es la que hace Michael; el joven obrero, novio de Ludmila, atractivo y seguro de sí mismo, que toma lo que quiere de las personas. Así por ejemplo, toca un pecho a Julie y quizá se habría acostado con ella si no le hubieran interrumpido.

RECOMENDACIÓN

Ahora me toca a mí, me ha divertido y me ha hecho reflexionar al mismo tiempo. No sé si estas sensaciones que me han despertado estaban buscadas por la autora, que denuncia un aislamiento social que acaba con las personas y más en los países nórdicos, o no estaba buscado este efecto y sin embargo lo transmite a la obra como parte de sí misma. En cualquier caso me parece fascinante la forma en que trabaja las relaciones humanas y cómo todos van quedando retratados como parte de un gran problema social que atomiza al ser humano y destruye sus relaciones naturales en una sociedad cada vez más compleja y más destinada a la realización personal.

It's only fair to share...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin